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Jugar al doctor: ¿Cuándo se convierte
el juego en abuso sexual?
Por Erika Tyner Allen, M.A., J.D., Consultor de programas VIRTUS
Primero, un enorme respiro: la mayor parte de la sexualidad
preescolar es normal y saludable. El caso clásico de "Muéstrame lo tuyo y te mostraré
lo mío" es motivado en la gran mayoría de los casos por el interés de los niños por lo científico y no por lo salaz. 1 Sin embargo, después
de haber aclarado esto, yo misma
me he sentido extremadamente
enervada cuando he tenido que responder a los pocos casos del juego sexual
de mis propios hijos preescolares, aun cuando yo
no tenía motivo para preocuparme por abuso. Además,
los padres precavidos deberían
tener siempre una sospecha saludable en lo que respecta a cualquier indicio potencial de abuso sexual. Con todo esto en mente, consideren lo siguiente…
Conocimientos básicos:
Los expertos nos dicen que la mayoría de los niños jugarán algún tipo de juego "Muéstrame lo tuyo" entre las edades
de 3 y 6. En esta etapa
de la vida, los niños no tienen conceptos firmes de pudor o moralidad, por lo que ellos no consideran que el juego sea una violación de dichos conceptos. Por el contrario, la mayoría de los preescolares están incentivados por una curiosidad directa sobre la manera en que se miran los cuerpos y cómo funcionan.2
Conozca las señales
a identificar:
Aunque este tipo de juego sexual inquisitivo no consiste normalmente en abuso, algunos niños por cierto abusan
sexualmente a otros menores. En un estudio del Departamento de Justicia de los
EE.UU. se informó que casi la mitad
de los casos de abuso
sexual cometidos contra niños
de menos de 6 años de edad fueron perpetrados
por abusadores de menos de 18 años de edad.3 Por lo tanto, los niños mayores que abusan de los niños menores constituyen una preocupación especialmente factible.
Si usted encuentra a su hijo involucrado
en algún tipo de juego sexual, tenga en consideración varios factores:
- Primero, ¿quiénes son los niños involucrados? Jugar al
doctor es distinto cuando involucra a un niño mayor o más fuerte.
- Segundo,
¿cómo responde su hijo al otro niño o a los otros niños involucrados? Puede ser difícil evaluar esto en el momento. Si usted sorprende a su hijo con los pantalones bajos, es probable que el responda con miedo por haber
sido "sorprendido"
por un adulto. Pero luego del
evento, y más tarde también, observe para ver si su hijo
está temeroso o ansioso con los mismos compañeros de juegos o en las mismas circunstancias.
- Tercero, ¿ha habido algún contacto? Aunque las familias tienen normas
muy distintas en lo que constituye conducta sexual normal de un preescolar,
la mayoría fija la línea
en el contacto sexual. Si su
hijo está tocando a otro niño, o siendo tocado, hable con su pediatra u otro consejero familiar inmediatamente.
Responda consideradamente:
Cualesquiera sean las circunstancias que rodeen el juego sexual de su hijo, usted verá
que es útil considerar los pasos a continuación para responder:
- Conozca sus reglas. Antes de tiempo piense detenidamente en cuáles serán sus normas. Es muy improbable que su hijo pase a través de sus años preescolares sin alguna clase de juego u otra experiencia sexual.4
Al considerar el problema
anticipadamente y pensar
en sus propias normas, usted
estará bien ubicado para responder en
forma calmada y efectiva.
- No
cree ambientes que faciliten la violación de sus normas. Es importante que los preescolares aprendan a jugar en forma independiente,
pero las puertas cerradas en las salas de juegos pueden permitir más privacidad que la usted quiere. En nuestra casa, nosotros tenemos una regla que dice que los niños van al baño uno a la vez. No sólo ayuda esto a eliminar oportunidades de indiscreción,
ayuda también a generar un modelo de funcionamiento que establece que las partes privadas del cuerpo del
niño deben mantenerse privadas.
- Primero reconozca la curiosidad subyacente. Si usted se tropieza con una actividad tal
como
"jugar al doctor", brinde a los niños involucrados el beneficio
de la duda. Diga algo como "Oh, parece
que ustedes están curiosos sobre cómo
se ven las partes del
cuerpo". Entonces,
usted debería estipular muy clara y calmadamente
que las partes privadas del cuerpo deben mantenerse privadas, e indique a los niños que se vistan. Usted les deberá explicar a todos los niños involucrados que en general los adultos
no deberían ver a
los niños desnudos y
que no deberían hablar con los niños sobre los órganos sexuales.
- Aproveche el momento de enseñanza. Dígales a todos los niños que tratamos a las partes privadas de nuestros cuerpos en forma
especial por muchas razones y porque son privadas. Luego dígales a los niños:
"En nuestra casa, los niños
deben mantener las partes privadas cubiertas en todo momento."
- Hable con su niño. Si usted tiene cualquier preocupación sobre lo que ha sucedido, quizás alguno de los factores identificados anteriormente
están presentes, usted deberá tener un diálogo adicional con su niño. Puede que usted quiera separar a los niños inmediatamente pidiendo a
los otros niños que se sienten en el cuarto próximo, o en cualquier lugar que le permita a usted hablar
en forma privada con su
hijo. Como
alternativa, quizás desee hablar con su hijo luego de que los demás se hayan ido a casa.
Pregunte lo
que pasó a su hijo en términos
tan específicos como sea posible: ¿La otra niña te mostró
sus partes privadas? ¿Ella te pidió ver las
tuyas? ¿La otra niña te tocó?
¿Dónde te tocó? ¿Ella te pidió que la tocaras? ¿Ella te pidió que te
toques a ti mismo? Recuerde: mantenerse calmado le ayudará a evaluar cómo
se siente su hijo sobre lo que ha pasado. Por supuesto, usted deberá prestar más atención
a los eventos que hayan molestado a su hijo o que
hayan sido cometidos de alguna manera contra la voluntad del niño.
- Hable con los padres de
los otros niños. Tan
pronto como
pueda, en un momento
en que ustedes dos puedan hablar en forma privada, comuníquese con
el padre o madre (u otra
persona responsable) del otro niño. Dígale al padre lo que vio, y dígale al padre lo que su niño dijo. Concéntrese como
pueda en remitirse sólo a los hechos. Además, dígale al padre la
manera en que usted respondió a su hijo y al otro niño.
En algunos casos, quizás usted necesite o quiera ser fuente de consulta para ese padre. El padre puede tener preocupaciones sobre lo que la conducta indica sobre su propio
hijo, por ejemplo abuso potencial, etc. Aunque usted nunca debería
decir que es un experto en estos temas (a menos que lo sea), pueda que quiera
explicarle que usted ha aprendido un poco sobre estos
temas a través de su participación en el programa Protegiendo a los Niños de Dios ®. Además, pueda que desee
indicarle a ese padre esta página de Internet u otros recursos que haya utilizado.
- Recuerde siempre que usted puede llamar a la agencia de protección de menores de su estado. Cada estado tiene recursos para padres y demás
personas que crean que un menor
ha sido abusado sexualmente. Esta página de Internet incluye
un directorio de recursos de los estados. Haga clic aquí para acceder a dicho directorio. Usted nunca debería dudar en llamar a la agencia de protección de menores de su estado con sus preguntas o preocupaciones,
especialmente si usted cree que la conducta molestó gravemente a su hijo, o si usted cree que la conducta del otro niño fue originada por abuso sexual en otra parte
de su vida.
Consideración final:
La mayoría de las veces, los juegos sexuales de los preescolares no
son nada más que curiosidad sobre el cuerpo humano. Aunque puede resultar difícil responder en
forma efectiva, una sospecha saludable ayudará a proteger a su hijo. Además,
dicha sospecha debería ayudar a que usted impulse el desarrollo de su hijo hasta convertirlo
en un adulto sexualmente saludable.
Referencias:
1 Eisenberg, Arlene, Murkoff, Heidi, E. Hathaway, Sandee Eisenberg, What to Expect in the Toddler Years. New York: Workman
Publishing, 1996. pp. 443-444.
2 Eisenberg, Arlene, Murkoff, Heidi, E. Hathaway, Sandee Eisenberg, What to Expect in the Toddler Years. New York: Workman
Publishing, 1996. pp. 242-243.
3 United States Department of Justice Study, 2000.
4 Schmitt, Barton D., Your Child's Health. New York: Bantam Press, 1991. pp. 342-344.
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