My Lenten brain tumor, our Easter joy

(Part 4 of 4)

    Have you ever been in an ambulance?  Possibly you traveled with a loved one who was ill or had been in an accident.  Possibly it was you being transported.  On March 8, I was in an ambulance, traveling from Dodge City to Wichita for brain surgery.  I called ahead on my cell phone to my older brother, a physician, and to my confessor, a priest of the Wichita Diocese.  They both met me at the hospital.  I received the Sacraments of Reconciliation and Anointing of the Sick from the priest.  That was the first time in my life that I had been anointed with the Oil of the Sick.

   Through the blessing of the Lord, and the ministry of the Catholic Church, we are sustained, strengthened, and healed by the Sacraments.  The next day as I prepared for surgery, I concelebrated Holy Mass in the Chapel of the Sorrowful Mother in the Via Christi St. Francis.  The day of surgery, I received the Eucharist from the priest Chaplain.  The day after surgery, some of my family members, friends and I celebrated Mass in my hospital room – what a moving thanksgiving to the Lord, our Divine Physician, for His healing touch!  The next day, I again concelebrated Holy Mass in the Chapel, then prepared to return to the Catholic Diocese of Dodge City for extended recuperation.

   These Sacraments were life-giving to me in my suffering and need.  In my last article, I described hiding in the Wounded Side of Jesus, where He shelters and comforts me.  Pope Francis wrote of another hiddenness in the Eucharist: “Jesus is present and hidden in the simplicity and meekness of bread … On the altar we adore the Flesh of Jesus; in the people we find the wounds of Jesus.  Jesus hidden in the Eucharist and Jesus hidden in these wounds” (meeting with the sick children in Assisi, 2013). 

   On this Solemnity of the Ascension of our Lord, let us recognize Jesus hidden in His Sacraments and in each other.  Let us be His “witnesses … to the ends of the earth” (Acts 1: 8).  Let us receive the Sacraments with reverence and joy, and be healed and strengthened by them.  Thank you so much for your care of me during my health trial.  Let us reach out to all the ill, to be Christ for them.  Jesus loves the sick, and each of us, so much! 

 

 

Mi tumor cerebral cuaresmal, nuestra alegría pascual

 

 (Parte 4 de 4)
¿Alguna vez has estado en una ambulancia?  Posiblemente usted haya viajado con un ser querido que estaba enfermo o había estado en un accidente.  Posiblemente era usted la persona transportada.  El 8 de marzo, yo estaba en una ambulancia, viajando desde Dodge City a Wichita para la cirugía cerebral.  Llamé por celular a mi hermano mayor, médico, y a mi confesor, un sacerdote de la Diócesis de Wichita.  Ambos se reunieron conmigo en el hospital.  Recibí los sacramentos de la Reconciliación y la Unción de los enfermos del sacerdote.  Era la primera vez en mi vida en que era ungido con el óleo de los enfermos.
 A través de la bendición del Señor, y el ministerio de la Iglesia Católica, somos sostenidos, fortalecidos, y curados por los Sacramentos.  Al día siguiente, mientras me preparaba para la cirugía, concelebré la Santa Misa en la Capilla de la Dolorosa en la Via Christi St. Francis.  El día de la cirugía recibí la Eucaristía de manos del sacerdote capellán.  El día después de la cirugía, con algunos de los miembros de mi familia y amigos celebré la misa en la habitación del hospital; ¡qué acción de gracias conmovedora al Señor, nuestro Divino Médico, por su toque sanador!  Al día siguiente, concelebré de nuevo la Santa Misa en la Capilla, a continuación, y luego me preparé para volver a la Diócesis de Dodge City para un reposo prolongado.
 Estos Sacramentos me dieron la vida en mi sufrimiento y necesidad.  En mi último artículo, describí cómo me escondía en el costado abierto de Jesús, donde Él cobija y consuela.  El papa Francisco escribió acerca de otro carácter oculto en la Eucaristía: “Jesús está presente y escondido en la sencillez y mansedumbre de pan ... En el altar adoramos la carne de Jesús; en el pueblo nos encontramos con las heridas de Jesús.  Jesús oculto en la Eucaristía y Jesús oculto en estas heridas” (encuentro con los niños enfermos en Asís, 2013).
 En esta solemnidad de la Ascensión del Señor, reconozcamos a Jesús oculto en sus Sacramentos y uno en el otro.  Seamos Sus “testigos ... hasta los confines de la tierra” (Hechos 1, 8).  Recibamos los sacramentos con reverencia y alegría, y seamos sanados y fortalecidos por ellos.  Muchas gracias por la atención que me dieron durante la prueba de mi salud.  Lleguemos a todos los enfermos, seamos Cristo para ellos.  Jesús ama a los enfermos, y a cada uno de nosotros, ¡tanto!
+ Mons. John B. Brungardt

Diocese of Dodge City


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