Prayer, Reflection, Sacrifice

 

 

Some days we are just unsettled and restless.  We are leaden, sad, and heavy.  We can’t work.  We can’t think.  We can’t pray. 
Do we just accept all that as the will of God for us today?  Just grit our teeth, and writhe in pain, and hold on until it passes?  “No,” said St. Ignatius of Loyola.  He urged us to get off the couch, to be up and about, to do something about it.   
Three “somethings,” in fact.   
We should pray, he said, even if we don’t feel like it.  And we usually don’t.  We experience, rather, a sense of helplessness and hopelessness.  We should petition the Lord to remove this desolation from us.  Such turning toward God in prayer counters directly any sense of separation from God.  We should never give up trying to be close to God, who never gives up trying to be close to us.   
We should think, he said, even if we don’t feel like it.  Think especially of those truths of Faith, those words of Scripture, those memories of our own life history, whatever reveals God’s love for us, and so lifts up our heavy hearts. These down days can also make us more aware of the things in us that hold us back from God, more aware than the up days can.  We often fool ourselves in thinking we are wholly His, when we really hold so much back.  We are practiced masters of self-deception.  Knowing this in detail can set us free. 
We should sacrifice, he said, even if we don’t feel like it.  What we want most in any time of desolation is “relief,” and what we do most is to seek that relief in something outside ourselves, some escape into diversion, into busyness, into the media, or into various gratifications that are more or less healthy. We usually run away from God.  We run from communion with him, when that communion gets hard.  What we need most is the courage to deny that fixed habit of running away.  Hence, a suitable sacrifice, known only to you and to God, one that counters the very tendency to flight. 
So, Prayer, Reflection, Sacrifice: three Somethings.  They give us a fighting chance to turn our down times into up times. 

 

Oración, Reflexión, Sacrificio

 

 
Algunos días estamos un poco inestables e inquietos. Estamos agobiados, tristes y pesados. No podemos trabajar. No podemos pensar. No podemos rezar. 

¿Aceptamos todo eso como la voluntad de Dios para nosotros hoy? ¿A caso aprieta usted sus dientes, y se retuerse en dolor, y espera hasta que pase?  “No,”  dice San Ignacio de Loyola. Él nos invita a pararnos del sofá, estar dispuestos a hacer algo sobre eso. Tres “cosas” en efecto. 

Debemos orar, él dijo, aunque no sentimos hacerlo. Y nosotros, usualmente no lo hacemos. Experimentamos, a cambio, un sentido de impotencia y desesperanza. Deberíamos pedirle al Señor que remueva esta desolación de nosotros.  Como dirigirnos hacia Dios en mostradores de oración directamente cualquier sentido de separación de Dios. No debemos nunca darnos por vencidos tratando de estar cerca a Dios, quien nunca se da por vencido para estar cerca de nosotros. 

Debemos pensar, él dijo, aunque no sentimos hacerlo.  Piense especialmente en las verdades de la Fe, aquellas palabras de la Escritura, aquellos recuerdos de nuestra propia historia de vida, lo que sea que revele el amor de Dios por nosotros, y que eleva nuestros corazones pesados. Estos días malos pueden también ponernos más alertas de las cosas en nosotros que nos separan de Dios, más alertas que los dias buenos pudieran hacer. A menudo nos engañamos nosotros mismos pensando que somos totalmente Suyos, cuando realmente retenemos tanto. Somos maestros practicados de la propia decepción.  Sabiendo esto en detalle, puede  liberarnos. 

Debemos sacrificarnos, él dijo, aunque no sentimos hacerlo.  Lo que más queremos en cualquier momento de desolación es “alivio” y lo que más hacemos es buscar ese alivio fuera de nosotros, algún escape, en la diversión, en lo ocupado, en los medios de comunicación, o en varias gratificaciones  que son más o menos saludable.  Usualmente nos alejamos de Dios. Nos alejamos de la comunión con él, cuando esá comunión se vuelve difícil. Lo que más necesitamos es el valor para negar ese hábito fijo de alejarnos.  Por lo tanto, un sacrificio apropiado, conocido sólo por usted y por Dios, uno que cuente cada tendencia a volar. 

Así es que Oración, Reflexión, Sacrificio: tres Cosas. Ellas nos dan la oportunidad para luchar a cambiar nuestros tiempos malos por tiempos buenos.