‘In the very air we breathe’

 You can meet your neighbor or your God in a Church, or in a Chapel.  You can meet them in a classroom, or in a living room.  You can meet them on a field, or on a street corner.  All these places we can understand. 

St. Paul once suggested another “place,” however, and we have trouble with what he said.  There we will be caught up with them in the clouds, to meet the Lord in the air. (1 Thessalonians 4: 17)  What are we to make of this “place,” this “in the air?”  It is something to conjure with, something to dream on. 

What “is” air, anyway?  We can’t see it.  We can’t smell it.  We can’t taste it.  But we breathe it in and out twelve to eighteen times a minute.  We are moving in it at all times.  Without it, we could not live. 

It is made of atoms and molecules, they say.  Air is that mix of gases surrounding the earth, a blend of nitrogen and oxygen mainly, along with some moisture and some dust.  They have mass and weight because they are material.  They are hitting us at all times, but we feel no pain because they are quite far apart from one another, they are low in density.  They are held in place by earth’s gravity, just as we are. 

Even though material, air thus becomes a gossamer door into what is spiritual.  The air is on the border of matter and spirit.  It “is” that border.  Gases rise above their denser, clumsier, noisier cousins … rocks that are too heavy to lift, and palm trees that stand but cannot walk, and lions that roar before the hunt. 

It is in their thin layer that we meet the Lord and our neighbors, Paul says.  Jesus Christ, material and spiritual, human and divine, He is that border, that meeting place.  There we find faith.  There we find hope. There we find love.  In Him.  He is as everywhere as air.  He is as full of life as air.  He is as full of energy as air.  He is as full of movement as air.  He is as full of wonder as air.  It almost seems he is the very air we breathe.  So, breathe, friends, and meet, and pray.

 

‘Él está tan lleno de sorpresas como el aire’

Usted puede encontrar a su prójimo o a su Dios en una Iglesia, o en una Capilla. Usted puede encontrarlos en un salón de clases, o en una sala. Usted puede encontrarlos en un campo, o en la esquina de una una calle. Todos estos lugares, podemos entenderlo.  

   San Pablo una vez sugirió otro “lugar”, de igual manera, y tenemos dificultad con lo que él dijo.  Seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, (1 Tesalonisenses 4: 17)  ¿Qué vamos a hacer de este “lugar”, este “en el aire?” Es algo para admirar, algo para imaginárselo.

   ¿Qué “es” aire, de todas maneras? No podemos verlo. No podemos olerlo. No podemos saborearlo. Pero lo respiramos doce a dieciocho veces por minuto. Nos movemos en él todo el tiempo. Sin él no  podemos vivir. 

   Este está hecho de átomos y moléculas, dicen ellos. Aire es esa mezcla de gases rodeando la tierra, una combinación de nitrógeno y oxígeno principalmente, junto con algo de humedad y algo de polvo. Tienen masa y peso porque son materia. Nos golpean todo el tiempo, pero lo sentimos sin dolor porque están separados uno al otro,  son de baja densidad.  Son sostenidos en un lugar por la gravedad de la tierra, así como estamos nosotros.  

   Aunque  materia dura, el aire sin embargo se convierte en una puerta ténue hacia lo que es espiritual. El aire está al borde de la materia y espíritu. “Es”   ese borde. Los gases se elevan hacia su primos más densos, más desastrosos, más ruidosos…piedras que son muy pesadas para levantar, y árboles de palmas que se sostienen, pero no pueden caminar, y leones que rugen antes de la caza. 

            Es en su fina capa que encontramos al Señor y a nuestro prójimo, dice Pablo. Jesucristo, materia y espíritu, humano y divino, Él es esa frontera, ese lugar de encuentro. Allí encontramos fe.  Allí encontramos esperanza. Allí encontramos amor. En Él . Él está en todas partes como el aire.    Él está tan lleno de vida como el aire. Él está tan lleno de energía como el aire. Él está tan lleno de movimiento como el aire. Él está tan lleno de sorpresas como el aire. Pareciera que el fuera como el mismo aire que respiramos.  Así es que respiren, amigos, reúnanse y oren.