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The ‘noon-day devil’

The old Egyptian monks used to speak of the Noon-Day Devil.  When the freshness of the morning had passed, and the repose of the evening had not yet come, the middle of the day, with its reverses, and frustrations, and delays, and sheer tedium, posed special challenges. 

Some began to look out the windows of their cells.  They began to leave their cells.  They went looking for the companionship of other monks.  Their time with God grew heavy and tedious, they were dissatisfied with their place, and with their work, and with themselves.  They began seeking after diversion, therefore.  These were the signs of the noonday devil, they thought. 

Once stirred up, it left a sadness in its wake, a distaste for the things of God, a disinclination to spending any more time with him.  Fervor withered, even in the shade of their cells.  Their minds and hearts became as dry as the shifting sands.  That’s one way the noonday spirit works, through a numbing inertia. 

But it is not the only way.  Sometimes that spirit moves us to an exceptional busyness.  It bids us fill our minds with things-to-do: trivial things sometimes, pleasing things sometimes, time-killing things sometimes, apostolic things, even, sometimes.  That spirit wants to take us outside ourselves.  The one stuck in laziness on Monday can become a joyless doer-of-things on Tuesday.  That’s another way the noonday spirit works, through an infernal busyness.

Whether through the one way or the other way, it comes to the same end: refusal to spend time with God.  Too lazy to stir oneself to prayer, or too busy to find time for the effort, it all comes to the same, a stubborn “No” to time with God.

These were ways of escape in long-ago Egypt: doing-nothing or doing-everything.

These are the ways of escape in up-close Kansas, even today, even this morning.

 

Demonio de Mediodía

 

Los antiguos monjes egipcios hablaban del Demonio de Mediodía.  Cuando la frescura de la mañana pasaba, y el reposo de la noche aun no venía, el mediodía, con sus frustraciones y retrasos, y absoluta pesadez, esta planteaba desafíos especiales.

Algunos empezaron a ver por las ventanas de sus celdas.  Empezaron a dejar sus celdas.  Buscaban la compañía de otros monjes.  Su tiempo con Dios empezó a ser pesado y aburrido, no estaban satisfechos con su lugar, ni con su trabajo, ni con ellos mismos.  Empezaron a buscar una diversión.  Ellos pensaban, que estas eran las señales del demonio del mediodía. 

Ya cuando esto se removió, dejo una soledad a su paso, un disgusto por las cosas de Dios, la inclinación a ya no pasar más tiempo con él.  El fervor se marchito, hasta en la sombra de sus celdas.  Sus mentes y sus corazones estaban tan secos como la arena.  Esa es una manera en que el espíritu de mediodía trabaja, por medio de una inercia paralizante. 

Pero no es la única manera.  A veces ese espíritu nos mueve hacia estar excepcionalmente ocupados.  Nos mueve a llenar nuestras mentes de cosas-que-hacer:  cosas insignificantes a veces, cosas que complacen, cosas solo para pasar el tiempo, hasta cosas apostólicas, a veces.  Ese espíritu nos quiere llevar fuera de nosotros mismos.  El que tiene mucha flojera el lunes se puede convertir en uno que quiere hacer todo el martes.  Esa es otra forma en que el espíritu de mediodía trabaja, por medio de estar tan ocupados que se convierte infernal. 

Tanto una manera o como la otra, terminan de la misma forma: el reusarse a pasar tiempo con Dios.  Demasiado flojos para movernos a orar, o demasiado ocupados para encontrar tiempo para hacer el esfuerzo, todo viene a lo mismo, un resistente “No” a pasar tiempo con Dios. 

Estas eran maneras de escarparse en los tiempos de antes en Egipto: haciendo nada o haciendo todo.  Estas son las maneras de escaparse hoy en el cercano Kansas, aun hasta esta mañana. 

A loving awareness of God

 There are regular Church-goers who look for something more than they receive on Sunday morning.  They express a deep hunger for God.

They cast about in their pursuit of the Lord, seeking guidance.  They are drawn to the biblical one thing only.  They want to gaze on the loveliness of the Lord (Ps 27:4).   So, what is this loveliness?

Be clear, first, on what it is not.  It is not an oriental state of impersonal awareness produced by exercises and techniques.  It is not a withdrawal from material reality, an escape from the business of living.  It is not an inner conversation with self, an introspection, a “consecrated narcissism.”  It is not a sterile intellectualism, games with thoughts, and games with words, hidden rationalization.  It is not a reach for the extraordinary, for visions and voices. 

Infused contemplation is a loving awareness of God: one that is new, one that is divinely given, one that is general, one that is non-conceptual.  Each qualifying phrase will repay careful, prayerful, reflection. 

Sometimes it is a delightful attention to God, sometimes it is a dry desire for God.  The Lord determines the kind of contemplation we need at a given moment, either the delightful kind, which encourages us and draws us on, or the arid reaching-out that purifies us for still deeper prayer. 

In Scripture and in Tradition, there are never two kinds of holiness, one for the elite and one for the rest of us.  There is only one kind, and this contemplation is at the heart of it.  The Lord comes to us, and takes us into his home, even as he makes his home within us.

Contemplation is a lightning flash in the night, a surprised glance at what is moving in those rooms.

 

Un tierno conocimiento de Dios

 

Hay personas que asisten con regularidad a la Iglesia y que buscan algo más que lo que reciben el Domingo por la mañana.  Expresan una profunda hambre de Dios.

Se lanzan en su búsqueda del Señor, buscando orientación.  Son atraídos por lo bíblico una sola cosa.  Quieren gozar de la dulzura del Señor (Sal 27:4).  ¿Qué es esta dulzura?

Debemos tener claro, primero, lo que no es.  No es un estado oriental de conocimiento impersonal producido por ejercicios y técnicas.  No es retirarse de la realidad material, escapando del negocio de vivir.  No es una conversación interior con uno mismo, una inspección interior, un “un narcicismo consagrado.”  No es un intelecto estéril, juegos con pensamientos, y juegos con palabras, racionalismo escondido.  No es tratar de alcanzar algo extraordinario, visiones y voces. 

Contemplación infundida es un tierno conocimiento de Dios: uno que es nuevo, uno que es dado por lo divino, algo que es general, uno que no tiene concepto.  Cada frase calificadora dará una reflexión cuidadosa y llena de oración.

A veces es una regocijante atención a Dios, a veces es un deseo seco por Dios.  El Señor determina qué tipo de contemplación necesitamos en un dado momento, el regocijo, que nos anima y que nos acerca, o el acercamiento árido que nos purifica para una oración aún más profunda.

En la Escritura y en Tradición, nunca hay dos tipos de santidad, uno para la élite y uno para el resto de nosotros.  Solo hay un tipo, y esta contemplación está en el corazón de ella.  El Señor viene a nosotros, y nos lleva a su casa, aun cuando ya habita en nosotros.

Contemplación es un rayo en la noche, una sorprendida mirada a lo que se está moviendo en esos cuartos. 

Savor

 

Multi-tasking is a skill, a boast, and a drug for many of us today. 

But it will not work for those who want to savorTruth, or Goodness, or Beauty.  It will not work for those who want to savor the mysterious God.

Savoring demands attention. 

The kind of attention that is absorbed in wonder.  The kind of attention that is lost in the presence of Another.  The kind of attention that makes you forget self. 

Savoring demands silence. 

The kind of silence that can close off the outside world.  The kind of silence that can shut down the inside world.  The kind of silence that can slow down the movements of the heart.

Savoring demands time.

The kind of time that does not run off to the next thing.  The kind of time that does not look beyond what is there before it.  The kind of time that does not  sneak a glance at its watch. 

Savoring demands emptiness.

The kind of emptiness that will not be trapped in busyness.  The kind of emptiness that will not be glued to a smartphone.  The kind of emptiness that will not be lost in any day dream, or in any parade of images. 

St. Ignatius used to say that, when you find what you are seeking in prayer (itself a gift from God), don’t go looking for something else.  Rest there, drawing all the nourishment from it.  Savor, friend, savor.

 

Saborea

 

Hacer varias tareas a la vez es una habilidad, algo para presumir, una droga para muchos de nosotros el día de hoy.

Pero esto no funciona para aquellos que quieren saborear… la Verdad, lo Bueno, la Belleza.  No funciona para aquellos que quieren saborear los misterios de Dios. 

El saborear requiere atención.

El tipo de atención que se absorbe en la maravilla.  El tipo de atención que se pierde en la presencia de Otra persona.  El tipo de atención que hace que te olvides de ti mismo. 

El saborear requiere silencio.

El tipo de silencio que puede clausurar el mundo exterior.  El tipo de silencio que puede apagar el mundo interior.  El tipo de silencio que puede retrasar los movimientos del corazón.

El saborear requiere tiempo.

El tipo de tiempo que no corre hacia la siguiente cosa.  El tipo de tiempo que no ve más allá de lo que está ahí en ese momento.  El tipo de tiempo que no mira de reojo a su reloj.

El saborear requiere vacío.

El tipo de vacío que no se atrapara en lo ocupado.  El tipo de vacío que no estará pegado a su teléfono inteligente.  El tipo de vacío que no se perderá en cualquier sueño, o en cualquier desfile de imágenes.

San Ignacio decía, cuando encuentras lo que buscas en la oración (en sí un regalo de Dios), no vayas a buscar algo más.  Descansa ahí, alimentándote de él.  Saborea, mi amigo/a, saborea. 

 

The courage to look within

In the Readings of the Mass this week, St. Paul noted a simple fact: only a man, only a woman, only they know what is really going on inside them, the flow of thoughts, the feelings, the motives.  They share these deeper things with only a few. 

But, if you look closely, you will see that even they, even you, even me, we, we don’t know very well what is happening inside us.  We find spiritual awareness very hard.  We have difficulty recognizing the spiritual stirrings within our own hearts.  Because of Original Sin and our own personal sins, we are just not good at looking within, we find it so much easier to look without.  We do this spontaneously, without thinking.  Thus it is that we are so often locked out of ourselves.

You were within me, but I was outside, and it was there that I searched for you,” St. Augustine said in the 5th century.  “ … You were with me, but I was not with you,” he said to the God whom he sought.  He felt himself deaf and blind, and almost breathless before God. 

Others in our history who really pray have felt the same.  Anyone who really prays will feel the same: locked out of his own house, locked out of her own heart.  Lord, give them, give all of us, the grace and the courage to look within.

 

La gracia y el valor para ver hacia dentro

En las Lecturas de la Misa esta semana, San Pablo nos hace ver un simple hecho: solo un hombre, solo una mujer, solamente ellos saben que es lo que sucede dentro de ellos mismos, el flujo de pensamientos, las emociones, los motivos.  Solamente comparten con unos pocos estas cosas más profundas. 

Pero, si vemos un poco más de cerca, verán que aun ellos, aun tu, aun yo, nosotros, no sabemos muy bien lo que está pasando dentro de nosotros mismos. Encontramos la conciencia espiritual  algo muy difícil.  Tenemos dificultad reconociendo este despertar espiritual dentro de nuestros corazones.  Por el Pecado Original y nuestros propios pecados, no sabemos muy bien como ver dentro de nosotros mismos, encontramos mucho más fácil ver hacia fuera.  Lo hacemos sin pensar, espontáneamente.  Así que muchas veces estamos encerrados fuera de nosotros mismos.

“Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por de fuera te buscaba,” esto dijo San Agustín en el quinto siglo.  “…Tú estabas conmigo mas yo no estaba contigo,” le decía a Dios a quien él buscaba.  Se sentía sordo y ciego, y casi sin aliento ante Dios.

Otros a lo largo de la historia que realmente oran se han sentido de la misma manera.  Cualquiera que realmente ora se sentirá igual: encerrado afuera de su propia casa, encerrada afuera de su propio corazón.  Señor, dales a ellos, danos a todos nosotros, la gracia y el valor para ver hacia dentro. 

The first sign of the Risen Lord

 Those closest to Jesus did not handle his death very well.  He was gone.  They were sad.  They were scared.  They were confused.  They were unnerved. 

His disappearance left them thus, but that very vanishing (evidenced by the empty tomb) was also the first faint sign of his Resurrection.

It was not a large and compelling sign, to be sure: not like that dinner in Emmaus, not like that evening of the Resurrection day in the Upper Room, not like the appearance to the doubting Thomas.  But it was a good, down-to-earth, usable sign, nonetheless. 

And it is now a good sign for us, because we don’t handle his disappearance any better than they did.  When our own prayer grows cold, and nothing seems to happen, and we grow sad, restless, and confused, Jesus does, in fact, seem to disappear.  He seems to have gone into hiding. 

That’s the time to remember that the Disappearance was the first sign of his Resurrection.  It was the first evidence that he now comes to us in a different way, a new way.  It was their first glimpse, and ours too, of the now Risen-Lord. 

So, be like the Apostles, and like St. Mary Magdalen, the Apostle of the Apostles.  They did not wallow in discouragement, and give up the fight.  They stayed with the fight. 

Use the disappearance (it won’t last) as the Lord wants you to use it: to lessen our attachments to the world and to our own stubborn judgment; to hollow us out; to make room for the Real God (not the one we imagine); to set us free, for Him.

Now we see him, now we don’t?  Not really.  Now we see him by Faith, and not by Sight.

 

Primera visión del Resucitado Señor

 

Los más cercanos a Jesús no tomaron su muerte muy bien.  El ya no estaba.  Estaban tristes.  Tenían miedo.  Estaban confundidos.  Estaban desconcertados.

Su desaparición los dejo así, pero esa precisa desaparición (la tumba vacía estaba de evidencia) también era la primera señal de su Resurrección.

Para ser más precisos, no era una señal grande y convincente: no como la cena en Emaús, no como esa noche del día de la Resurrección en el Cuarto de Arriba, no como la aparición ante Tomas.  Aun así, era una señal buena que se podía usar.

Y nosotros no hemos tomado su desaparición mejor que ellos, así que ahora es una buena señal para nosotros.  Cuando nuestra propia oración se pone fría, cuando parece que nada sucede, y nos ponemos tristes, inquietos, y confundidos, Jesús, en realidad, si parece que no está.  Parece que se ha escondido.

Ese es el tiempo de recordar que su Desaparición fue la primera señal de su Resurrección.  Fue la primera evidencia de que ahora viene hacia nosotros de una forma diferente.  Fue la primera visión de ellos, y también la de nosotros, del ahora Señor-Resucitado.

Así que sean como los Apóstoles, y como Santa Maria Magdalena, el Apóstol de los Apóstoles.  Ellos no se hundieron en el desánimo, ni se rindieron ante la lucha.  Continuaron con la lucha.

Usen su desaparición (no durara) como el Señor quiere que la usen: para debilitar nuestras ataduras hacia el mundo y hacia nuestro propio juicio terco; para vaciarnos; para hacer campo para el Verdadero Dios (no el que nos imaginamos); para liberarnos, para El.

¿Ahora lo vemos, y ahora no? No es así.  Ahora lo vemos por la Fe, y no por la Mirada.      

 

Bishop Emeritus Ronald M. Gilmore
Bishop Emeritus
Ronald M. Gilmore

Ordained & Installed
Bishop of Dodge City
July 16, 1998

 

Diocese of Dodge City


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