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The courage to look within

In the Readings of the Mass this week, St. Paul noted a simple fact: only a man, only a woman, only they know what is really going on inside them, the flow of thoughts, the feelings, the motives.  They share these deeper things with only a few. 

But, if you look closely, you will see that even they, even you, even me, we, we don’t know very well what is happening inside us.  We find spiritual awareness very hard.  We have difficulty recognizing the spiritual stirrings within our own hearts.  Because of Original Sin and our own personal sins, we are just not good at looking within, we find it so much easier to look without.  We do this spontaneously, without thinking.  Thus it is that we are so often locked out of ourselves.

You were within me, but I was outside, and it was there that I searched for you,” St. Augustine said in the 5th century.  “ … You were with me, but I was not with you,” he said to the God whom he sought.  He felt himself deaf and blind, and almost breathless before God. 

Others in our history who really pray have felt the same.  Anyone who really prays will feel the same: locked out of his own house, locked out of her own heart.  Lord, give them, give all of us, the grace and the courage to look within.

 

La gracia y el valor para ver hacia dentro

En las Lecturas de la Misa esta semana, San Pablo nos hace ver un simple hecho: solo un hombre, solo una mujer, solamente ellos saben que es lo que sucede dentro de ellos mismos, el flujo de pensamientos, las emociones, los motivos.  Solamente comparten con unos pocos estas cosas más profundas. 

Pero, si vemos un poco más de cerca, verán que aun ellos, aun tu, aun yo, nosotros, no sabemos muy bien lo que está pasando dentro de nosotros mismos. Encontramos la conciencia espiritual  algo muy difícil.  Tenemos dificultad reconociendo este despertar espiritual dentro de nuestros corazones.  Por el Pecado Original y nuestros propios pecados, no sabemos muy bien como ver dentro de nosotros mismos, encontramos mucho más fácil ver hacia fuera.  Lo hacemos sin pensar, espontáneamente.  Así que muchas veces estamos encerrados fuera de nosotros mismos.

“Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por de fuera te buscaba,” esto dijo San Agustín en el quinto siglo.  “…Tú estabas conmigo mas yo no estaba contigo,” le decía a Dios a quien él buscaba.  Se sentía sordo y ciego, y casi sin aliento ante Dios.

Otros a lo largo de la historia que realmente oran se han sentido de la misma manera.  Cualquiera que realmente ora se sentirá igual: encerrado afuera de su propia casa, encerrada afuera de su propio corazón.  Señor, dales a ellos, danos a todos nosotros, la gracia y el valor para ver hacia dentro. 

The first sign of the Risen Lord

 Those closest to Jesus did not handle his death very well.  He was gone.  They were sad.  They were scared.  They were confused.  They were unnerved. 

His disappearance left them thus, but that very vanishing (evidenced by the empty tomb) was also the first faint sign of his Resurrection.

It was not a large and compelling sign, to be sure: not like that dinner in Emmaus, not like that evening of the Resurrection day in the Upper Room, not like the appearance to the doubting Thomas.  But it was a good, down-to-earth, usable sign, nonetheless. 

And it is now a good sign for us, because we don’t handle his disappearance any better than they did.  When our own prayer grows cold, and nothing seems to happen, and we grow sad, restless, and confused, Jesus does, in fact, seem to disappear.  He seems to have gone into hiding. 

That’s the time to remember that the Disappearance was the first sign of his Resurrection.  It was the first evidence that he now comes to us in a different way, a new way.  It was their first glimpse, and ours too, of the now Risen-Lord. 

So, be like the Apostles, and like St. Mary Magdalen, the Apostle of the Apostles.  They did not wallow in discouragement, and give up the fight.  They stayed with the fight. 

Use the disappearance (it won’t last) as the Lord wants you to use it: to lessen our attachments to the world and to our own stubborn judgment; to hollow us out; to make room for the Real God (not the one we imagine); to set us free, for Him.

Now we see him, now we don’t?  Not really.  Now we see him by Faith, and not by Sight.

 

Primera visión del Resucitado Señor

 

Los más cercanos a Jesús no tomaron su muerte muy bien.  El ya no estaba.  Estaban tristes.  Tenían miedo.  Estaban confundidos.  Estaban desconcertados.

Su desaparición los dejo así, pero esa precisa desaparición (la tumba vacía estaba de evidencia) también era la primera señal de su Resurrección.

Para ser más precisos, no era una señal grande y convincente: no como la cena en Emaús, no como esa noche del día de la Resurrección en el Cuarto de Arriba, no como la aparición ante Tomas.  Aun así, era una señal buena que se podía usar.

Y nosotros no hemos tomado su desaparición mejor que ellos, así que ahora es una buena señal para nosotros.  Cuando nuestra propia oración se pone fría, cuando parece que nada sucede, y nos ponemos tristes, inquietos, y confundidos, Jesús, en realidad, si parece que no está.  Parece que se ha escondido.

Ese es el tiempo de recordar que su Desaparición fue la primera señal de su Resurrección.  Fue la primera evidencia de que ahora viene hacia nosotros de una forma diferente.  Fue la primera visión de ellos, y también la de nosotros, del ahora Señor-Resucitado.

Así que sean como los Apóstoles, y como Santa Maria Magdalena, el Apóstol de los Apóstoles.  Ellos no se hundieron en el desánimo, ni se rindieron ante la lucha.  Continuaron con la lucha.

Usen su desaparición (no durara) como el Señor quiere que la usen: para debilitar nuestras ataduras hacia el mundo y hacia nuestro propio juicio terco; para vaciarnos; para hacer campo para el Verdadero Dios (no el que nos imaginamos); para liberarnos, para El.

¿Ahora lo vemos, y ahora no? No es así.  Ahora lo vemos por la Fe, y no por la Mirada.      

 

‘Harden not your hearts’

If today you hear his voice, harden not your hearts.  (Psalm 95:8)  Most of the time, we float over the sacred poet’s words.  Dive down into them now. 

God’s love for us has no beginning, and it will have no ending.  It is an always, an overwhelming, love for us.  Look closer still.  It means he has this love just for you, personally.  Before there was a world, you were in his mind.  He could not imagine a world without you.  He would not have a world without you.  He created the world as a gift just for you. 

And now that you are in this world, he will not leave you alone.  He hungers and he thirsts for you.  He wants a deep personal relationship with you.  Through his infinitely delicate power, he can, and he does enter into, and influence, your mind and heart, when he wants and where he wants.  He does this without trampling on your freedom, however.  He gives himself to you daily, to the degree that you permit. 

And where does he do this?  The answer is within you.  Look inside.  Look at the flux of thoughts that fill your mind daily (thoughts about God, self, work, world, family, lines of reasoning, lines of associations, or imagining).  Look at the flux of affective acts that fill your mind daily (love, anger, hate, desire, fear).  Look at the flux of affective feelings that fill your mind daily (peace, restlessness, warmth, coldness, sweetness, bitterness, uplift, heaviness, depression). 

He is there, he is in all that.  Go where he is to be found.  In that “booming, buzzing, confusing” consciousness, the Lord comes to you each day.  He speaks to you each day.  He calls you each day.  He guides you each day.  These stirrings of mind and heart will either build up the Christ-Life within you, or they will tear it down. 

If today you hear his voice, harden not your hearts.  Be alert, the psalmist says, to that flux in your mind and heart.  Do not harden your hearts.  Do not live on automatic pilot.  That flux: it is the theater where the drama of your life and salvation plays out.   

 

No endurezcan sus corazones

 

 

No endurezcan sus corazones. (Salmo 95:8).  La mayoría del tiempo, pasamos sin pensar sobre esas palabras sagradas del poeta.  Sumérgete en ellas.

El amor de Dios por nosotros no tiene principio, y no tendrá un final.  Es un siempre, un amor arrollador.  Mira aún más cerca todavía.  Quiere decir que tiene este amor nada más para ti, personalmente.  Antes de que hubiera un mundo, estabas en su mente.  No podía imaginar un mundo sin ti.  No tendría un mundo sin ti.  Creó el mundo como regalo justo para ti.

Y ahora que estas en este mundo, no te dejara solo o sola.  Él tiene hambre y sed de ti.  Él quiere una relación profunda y personal contigo.  Por medio de su infinito y delicado poder, él puede, y si entra dentro de tu mente y tu corazón, e influye a tu mente y corazón, cuando él quiere y donde él quiere.  El hace esto sin pisotear tu libertad.  Él se da a ti cada día, al grado que tú lo permitas. 

¿Y dónde hace esto él?  La respuesta es dentro de ti.  Mira hacia dentro.  Mira a todos los pensamientos que llenan tu mente cada día (pensamientos de Dios, de ti mismo, del trabajo, del mundo, de la familia, líneas de razonamiento, líneas de asociación, o de imaginar.)  Mira a todos los actos afectivos que llenan tu mente (amor, coraje, deseo, miedo).  Mira a todos los sentimientos que llenan tu mente (paz, inquietud, calor, frio, dulzura, amargura, ánimo, pesadez, depresión).

Él está ahí, él está en todo eso.  Ve hacia donde puedas encontrarlo.  En ese “trueno, zumbido, y confusión” que es la conciencia, el Señor viene hacia ti cada día.  Te habla cada día.  Te llama cada día.  Te guía cada día.  Este remover de mente y corazón pueden levantar la Vida en Cristo dentro de ti, o la pueden derrumbar. 

No endurezcan sus corazones.  Estén alertas, dijo el salmista, a ese cambio de tu mente y corazón.  No endurezcan sus corazones.  No vivan en piloto automático.  Ese cambio constante: es el teatro donde el drama de tu vida y salvación se presentan. 

 

 

‘Before there ever was a world, the Lord knew Juan Salas'

Who would have thought that it could ever happen? 

   That a boy from Mexico would grow up to become a priest of Dodge City?  All the distances, all the differences, all the histories, all the starts and stops: what are the odds?  And yet it did happen on 4 June 2016.

   As we rejoice with Father Juan Salas and his family, as we rejoice for our own diocesan family, I am drawn to the words of Psalm 33: the Designs of his heart are from age to age.

   Before there ever was a world, the Lord knew Juan Salas, and slowly guided him to just this place.  Before there ever was a world, the Lord knew the Diocese of Dodge City, and slowly guided it to just this moment.  The Designs of his heart made this unexpected thing, this unlikely thing, this impossible thing … made this thing happen. 

   This is the day the Lord hath made, let us rejoice and be glad.  (Psalm 118:24)  All of us should rest, quiet, in the Wonder we have just seen.

 

Antes de que hubiera un mundo, el Señor conocía a Juan Salas

¿Quién iba a pensar que esto algún día podía pasar? 

Que un niño de México se convertiría en un sacerdote de Dodge City.  Todas las distancias, todas las diferencias, todas las historias, todos los principios y paradas: ¿cuáles son las probabilidades?  Y sin embargo, esto paso el 4 de junio del 2016.

Ahora que compartimos en la alegría del Padre Juan Salas y su familia, y en la alegría de nuestra familia diocesana, me atraen las palabras del Salmo 33: sus Planes prosiguen a lo largo de los siglos. 

Antes de que hubiera un mundo, el Señor conocía a Juan Salas, y con calma lo guio hasta este lugar.  Antes de que hubiera un mundo, el Señor conocía a la Diócesis de Dodge City, y con calma la guio justo hacia este momento.  Sus planes hicieron que  esto que no esperábamos, esto que no era muy probable, esta cosa imposible…pasara. 

¡Este es el día que ha hecho el Señor, gocemos y alegrémonos en el! (Salmo 118:24)  Todos debemos descansar, en silencio, en la Maravilla que acabamos de ver. 

‘Jesus is the Divine
translated into Human’

     The common experience of holy women and holy men through all our history has been surprisingly clear. 

   They knew that no thought of ours, no word of ours, no image of ours, no feeling of ours … that none of these could ever wrap itself around the Fullness of God. These are all limited created things, after all, and they cannot give us the fullness of the Unlimited, the Uncreated, the Real God.  He will always escape them.

   But what then becomes of the Sacred Humanity of Jesus?  Do we lose the need for the Incarnate Word when we grow in prayer?  Can we go to the Father without the Word made Flesh?  He is the Way, the Truth, and the Life, he said.  You see the problem?

   Saint Teresa of Avila knew what the Saints had written, and she experienced it in her own prayer life.  But she could not accept what they said as an accurate account of the right relationship between imageless prayer and the Incarnation.  For her, there was never any trying to go to the Father without the Son.  Indeed, those who try to do so will never reach the final stages of intimacy with the Lord described in her Sixth and Seventh Mansions.

   When the Lord brings us to that detachment from created things, she thought, it is proper to go gratefully where he leads us.  But we never deliberately set aside the reality of the Incarnate Word.  We should always start our prayer with Him. 

   That doesn’t mean that we capture him in a thought, or in a word, or in an image.  These things point us in the direction of the Mystery.  They can lead us to the threshold of the Mystery.  We can linger there, and watch, and wait.  We can give him a chance to lead us inside his Word.  Jesus is the Divine translated into Human.

 ‘Siempre debemos empezar
nuestra oración con El’

    La experiencia común de mujeres santas y hombres santos durante toda nuestra historia ha sido sorpresivamente clara.

   Ellos sabían que ningún pensamiento de nosotros, ninguna palabra de nosotros, ninguna imagen de nosotros, ningún sentimiento de nosotros… ninguno de estos podría alguna vez envolver por completo Todo los que es Dios.  Después de todo, estas son cosas creadas con límites y no nos pueden dar la totalidad de lo Ilimitado, de lo No Creado, del Dios Verdadero.  Siempre los escapara.

   ¿Entonces qué pasa con la Sagrada Humanidad de Jesús?  ¿Perdemos la necesidad de la Palabra Encarnada cuando crecemos en nuestra oración?  ¿Podemos ir al Padre sin la Palabra echa Carne?  Él dijo que, Él es el Camino, la Verdad, y la Vida.  ¿Ven el problema?

   Santa Teresa de Ávila sabía lo que los Santos habían escrito, y lo experimento en su propia vida de oración.  Pero no podía aceptar lo que habían dicho como una representación exacta sobre la relación entre la oración sin imágenes y la Encarnación.  Para ella, no había la posibilidad de tratar de ir al Padre sin el Hijo.  De hecho, aquellos que lo tratan nunca van a poder llegar a las fases finales de intimidad descritas en sus Sextas y Séptimas Moradas.

   Ella pensaba, cuando el Señor nos lleva hacia ese desprendimiento de las cosas creadas, es apropiado ir con agradecimiento a donde él nos guía.  Pero nunca deliberadamente poner a un lado la realidad de la Palabra Encarnada.  Siempre debemos empezar nuestra oración con El.

   Eso no quiere decir que lo captamos a él en un pensamiento, o en una palabra, o en una imagen.  Estas cosas solo señalan la dirección hacia el Misterio.  Nos pueden conducir hacia el umbral del Misterio.  Podemos tomarnos nuestro tiempo ahí, ver, y esperar.  Podemos darle la oportunidad de que nos guie hacia dentro, dentro su Palabra.  Jesús es lo Divino traducido en Humano.   

Bishop Emeritus Ronald M. Gilmore
Bishop Emeritus
Ronald M. Gilmore

Ordained & Installed
Bishop of Dodge City
July 16, 1998

 

Diocese of Dodge City


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