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‘Make it your very own’

 

Holy Week is gone now, with all its natural and supernatural drama.  Before we put it away in the attic until next year, we might linger longer over some of its substance. 

After the Fall, the Lord could have written the human race off as a failure.  At that moment, we were.  We made our choice, and He could have left us to our own devices, to fend for ourselves.  It would have been simple for Him.

After the Fall, the Lord could have forgiven our sin, with no further questions asked, with no conditions imposed.  It would have been simple for Him.

But He chose to do neither of these.  After the Fall, He chose that the sin done in human nature, should be undone in human nature.  It was only right.  It was only fair.  It was only just.  It was poetic justice even.  This was exquisitely simple for Him. 

For the act by which Christ redeemed us was a wholly human act.  The life He offered was his human life.  The suffering He endured was in His body, mind, and spirit.  The death He sustained was the separation of His soul and body.  In this way, He undid what had been done. 

How could that be possible, you say?  Because the person who did the undoing was wholly God, the Second Person of the Trinity.  That’s what gave the act an infinite value.  That’s what permitted it to touch every man and woman of every time and place.

Rejoice in that this Easter Season, and ask the Lord for the grace to make it your very own.

 

‘Hacerla propia’ 

La Semana Santa ya se fue, junto con ella todo su drama natural y sobrenatural.  Antes de guardarla hasta el año que entra, podríamos tal vez mantener viva por un poco más alguna de su substancia.

Después de la Caída, el Señor pudo haber declarado que la raza humana era un fracaso total.  En ese momento, si lo éramos.  Hicimos nuestra  propia elección, y nos pudo haber dejado a nuestros propios medios, para defendernos por cuenta propia.  Esto hubiera sido algo simple para él.

Después de la Caída, el Señor pudo haber perdonado nuestro pecado, sin hacer ninguna pregunta más, sin imponer ninguna condición.  Esto hubiera sido algo simple para él.

Pero el escogió no hacer ni uno ni el otro.  Después de la Caída, el escogió que el pecado hecho en la naturaleza humana, debería ser deshecho en la naturaleza humana.  Era lo correcto.  Era lo justo.  Hasta era justicia poética.  Esto era algo exquisitamente simple para él. 

Por qué el acto por el cual Cristo nos redimió era por completo un acto humano.  La vida que el ofreció era su vida humana.  El sufrimiento que el soporto estaba en su cuerpo, mente, y espíritu.  La muerte que el sufrió fue la separación de su alma y cuerpo.  De esta manera, el deshizo lo que se había hecho.

¿Dice usted, como es esto posible?  Porque la persona que lo deshizo era completamente Dios, la Segunda Persona de la Trinidad.  Eso es lo que le dio al acto un valor infinito.  Es lo que le permitió tocar a cada hombre y mujer de cualquier tiempo y lugar.

Regocíjense en esto esta Temporada de Pascua, y pídanle al Señor la gracia para hacerla propia.  

‘A great blessing to the Church’ 

 

Wounded in battle, unable to stand, confined to bed, Ignatius of Loyola had nothing but time on his hands during his long convalescence in 1521. 

He filled it with reading (the only books available were a life of Christ, and lives of the Saints), and with thinking about his prospects for the future.

He could pass long hours thinking about his dreams and projects for the rest of his life.  Wars, the feats of arms, defense of his country, chivalrous service of his country’s leading men and women, all of these occupied him as he imagined them with delight. 

He could also pass long hours thinking about what he had been reading.  The life of Christ and how he appeared to his first followers, the example of the saints, these too occupied him as he began to dream about them with delight. 

He would move from the worldly project to the religious project, and back again.  Both made him happy when he thought of them.  But then his affectivity kicked in. 

And then he found that the first left him sad and discontented, and the second left him happy and contented. 

He then concluded that if thoughts of the worldly project caused a delight that consistently moved into sadness, this could not have the feel of God’s action, but  that of a bad spirit.  And if the other (sacred) project caused a delight that consistently lasted, then this did have the feel of God working within his heart.

This experience gave rise to all he knew of the Discernment of Spirits.  What Augustine had done for the problem of evil, and Teresa of Avila and John of the Cross had done for the experience of prayer, Ignatius did for the art of discernment.  This Mystic of Moods and of Thoughts was thus a great blessing to the Church. 

 

 ‘Una gran bendición para la Iglesia’

Herido en la Guerra, sin poder estar de pie, confinado a una cama, Ignacio de Loyola no tenía más que tiempo en sus manos durante su larga convalecencia en 1521.

Él lleno este tiempo con lectura y con pensamientos de propósitos para el futuro (los únicos libros disponibles eran la vida de Cristo, y las vidas de los Santos).

Podía pasar largas horas pensando sobre sus sueños y proyectos para el resto de su vida.  Guerras, hazañas de armas, defensa de su país, servicio caballeroso de los hombres y mujeres de su país, todo esto lo ocupaba cuando con placer se lo imaginaba.

También podía pasar largas horas pensando sobre lo que había estado leyendo.  La vida de Cristo y como se les apareció a sus primeros seguidores, el ejemplo de los Santos, esto también lo ocupaban cuando con placer empezaba a soñar con ellos.

Se movía de su proyecto mundano a su proyecto religioso, y de regreso para atrás.  Los dos lo hacían feliz cuando pensaba en ellos.  Pero después entraron sus emociones.  Y se dio cuenta que el primero lo dejaba triste e inconforme, y el segundo lo dejaba feliz y conforme.

Concluyo que si pensamientos de su proyecto mundano le causaban placer pero que con frecuencia se convertían en tristeza, esto no podría tener el toque de la acción de Dios, pero la de un espíritu malo.  Y si el otro proyecto (sagrado) le causaba un placer que con frecuencia perduraba, entonces este si tenía el toque de Dios trabajando dentro de su corazón.

Esta experiencia dio paso a todo lo que el sabia sobre el Discernir de los Espíritus.  Lo que Agustin había hecho para el problema del mal, lo que Teresa de Ávila y Juan de la Cruz habían hecho para la experiencia de la oración, Ignacio hizo para el arte del discernimiento.  El Místico de los Humores y de Pensamientos fue una gran bendición para la Iglesia.   

‘Look trouble in the face…’

Saint Ignatius of Loyola never did beat around the bush.  His Spiritual Exercises is a slender book, with no wasted words.  He went straight to the heart of things.   If you are moving toward God, he said, you should expect trouble.

That’s what Lent is all about, isn’t it?  That’s what we try to do during Lent, to move toward God.  We should not be surprised, then, if the enemy is spiritually active in this Sacred Season. 

He will bite, sadden, and place obstacles in our way, Ignatius said.  He will fill us with false reasons, so that we have to hand many excuses for not going forward. 

Saint Ignatius was thinking of a biting, gnawing, action that triggers a sense of anxiety, lessening our peace, and taking away our delight in God’s service.  The enemy tries to upset us, to interfere with our service of God, and to trouble our peace of mind. 

St. Ignatius was equally terse and clear on what to do about all this.  We are to become aware of this, in the first place, to recognize the pattern.  And we are to reject it, in the second place, to dismiss it from our minds and hearts.  Strengthened by Grace, look trouble in the face, Ignatius said, and watch it dissolve before your eyes. 

 

‘Vean a los problemas en la cara…’

San Ignacio de Loyola nunca le dio vueltas al asunto.  Su libro Ejercicios Espirituales es muy delgado, sin ninguna palabra desperdiciada.  Él fue directo al corazón de las cosas.  Dijo el que, si te estas moviendo hacia Dios, debes de esperar problemas. 

¿Qué no se trata de eso la Cuaresma?  Es lo que tratamos de hacer durante la Cuaresma, de movernos hacia Dios.  Entonces, no deberíamos de estar sorprendidos, si el enemigo está activo espiritualmente en esta Temporada Sagrada. 

Él va a morder, entristecer, y a poner obstáculos en nuestro camino, dijo Ignacio.  Él nos llenara de razones falsas, que nos darán muchas excusas para no continuar hacia adelante.

San Ignacio estaba pensando en una acción que muerde, que carcome,  provocando  un sentido de ansiedad, disminuyendo nuestra paz, y quitándonos nuestro gozo en el servicio de Dios.  El enemigo trata de disgustarnos, de interferir  con nuestro servicio a Dios, y de perturbar nuestra paz mental.

San Ignacio era igual de seco y claro al hablar de lo que deberíamos de hacer sobre todo esto.  En primer lugar, debemos de darnos cuenta de esto, para reconocer el estilo.  En segundo,  debemos de rechazarlo para apartarlo de nuestras mentes y corazones.  Fortalecidos por la Gracia, vean a los problemas en la cara, dijo Ignacio, y véanlos disolverse frente a sus ojos. 

We shudder when we hear of yet another attack, on yet another hotel, in yet another city whose name we cannot pronounce.  

   Is there nothing solid in human affairs anymore?  Is there no truth in human relationships?  The sheer fragility of all things, and all order too, this frightens us. 

   That’s why the Old Testament calls the Lord a “Rock.”  He is there.  He is fixed and firm, unchanging in his love for us.  When all else is moving, and crumbling, and falling, He is not. 

   But understand this Rock for what it really is: the God who is above us, and beyond us, even when he continues to make us, and to be within us.  We touch him only in Faith.  And that Faith is Rock in fragile hands.

   The poet Denise Levertov struggled to accept, to embrace, the faith of her Father over all her life.  She came to see that “it has no place now except in me, as if being transferred fingertip to outstretched fingertip across the longest life … (our sense of history) “has only such barely-touchings, uninterpreted not-forgettings, to suffice for its continuance.

   It has no place now except in me: may it be in you, Peace, and in me.

 

Nos estremecemos cuando oímos hablar de otro ataque, en otro hotel en otra ciudad cuyo nombre no podemos pronunciar.

   ¿Ya no queda nada sólido en los asuntos humanos?  ¿No hay ninguna verdad en las relaciones humanas?  La enorme fragilidad de todas las cosas, y de todo orden también, esto nos asusta.

   Es por eso que el Antiguo Testamento llama al Señor una “roca”.  El está aquí.  Él es sólido y firme, inmutable en su amor por nosotros.  Cuando todo lo demás se está moviendo, desmoronando y cayendo, Él no.

   Pero entienda lo que es verdaderamente esta Roca: el Dios que está por encima de nosotros, y más allá de nosotros, incluso cuando él sigue haciéndonos, y a estar dentro de nosotros.  Lo tocamos sólo en la fe.  Y esa Fe es una Roca en manos frágiles.

   La poetisa Denise Levertov luchó por aceptar y abrazar la fe de su Padre durante toda su vida.  Ella se dio cuenta que “no tiene lugar ahora, excepto en mí, como si ser trasladado de un dedo a otro dedo extendido a través de la vida más larga ... (nuestro sentido de la historia)” tiene sólo esos toques leves, esos no-olvidos no interpretados, para ser suficiente para su continuidad.

   No tiene lugar ahora, excepto en mí: que esté en ti, la Paz, y en mí.

A new way of seeing things

A Polish theologian had another take on the Parable of the Talents (Matthew 25:14-30).  They were gifts from the Lord, to be sure, and they were to be used, to be sure.

But Father Tadeusz Dajczer came at it from another angle.  A “talent” is not only something we receive, he said. It is also something we do not receive.

In the light of Faith, the good health you have is clearly a talent: we should be grateful for it, we should protect it, and we should use it.  But bad health is also a talent, and in some unusual and complex ways.  There are uses to sicknesses as well as there are uses to health.  In both cases, Jesus will ask of us a single question: what did you do with what I gave you?  You can waste health, you see, everybody knows that.  And, even more, you can waste a lack of health, even if not everybody knows that.

Everything … the good and the bad … is a gift, is a talent, is meant to lead toward our sanctification.  In this sense, everything is Grace.  The Parable of the Talents is an evangelical call to Conversion.  It never stops sounding, and resounding, in our hearts with each new thing he gives us.

Because they are a new way of seeing things, hard graces are often the most valuable talents of our lives.

 

Una manera nueva de ver las cosas

Un teólogo Polaco tenía una manera diferente de interpretar la Parábola de los Talentos (Mateo 25:14-30).  De seguro eran regalos del Señor y de seguro también estaban para ser usados.

Pero el Padre Tadeusz Dajczer lo vio desde otro ángulo.  Un “talento” no es solamente algo que recibimos, dijo él.  También es algo que no recibimos.

En la luz de la Fe, la buena salud es claramente un talento: deberíamos de estar agradecidos por esto, deberíamos de protegerla, deberíamos de usarla.  Pero en alguna forma rara y compleja, la enfermedad también es un talento. Hay usos para la enfermedad al igual que para la salud.  En los dos casos, Jesús nos preguntara una simple pregunta: ¿qué hiciste con lo que te di?  Se puede desperdiciar la buena salud, todos sabemos esto.  Y, aun mas, se puede desperdiciar la enfermedad, aun si no todos sabemos esto.

Todo… lo bueno y lo malo… es un regalo, es un talento, tienen el propósito de guiarnos hacia la santidad.  En este sentido, todo es Gracia.  La Parábola de los Talentos es un llamado evangélico hacia la Conversión.  Nunca deja de sonar y resonar en nuestros corazones con cada cosa nueva que él nos da.

Porque son una manera nueva de ver las cosas, gracias recibidas que son difíciles son a menudo los talentos más valiosos de nuestras vidas.

Bishop Emeritus Ronald M. Gilmore
Bishop Emeritus
Ronald M. Gilmore

Ordained & Installed
Bishop of Dodge City
July 16, 1998

 

Diocese of Dodge City


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