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We are made by God; we are made for God

The Liturgy put these words in our minds and in our mouths on the feast of St. Scholastica, and thus caught the essence of the woman herself: With my whole being I worship Christ.  I long for him and desire to be with him forever. (First Antiphon, Morning Prayer)
What was true of her was also true of other women and men in the 500 years before her, and in the 1500 years after her.  Some in the midst of the Church have always been called to serve the Lord in what we now know as the Consecrated Life.
They have been touched by Christ, healed by Christ, and mesmerized by Christ.  This experience has been so strong and so deep that they can see nothing but Christ.  With every nerve (physical, emotional, spiritual), they long for him, and him only.  This love is so compelling that they forsake all else in order to wait for him coming. 
Consecrated women and men thus have pride of place in our Church.  They are flesh and blood witnesses of a primal truth of our Faith: namely, that we are made by God, and we are made for God … by Love, and for Love.  They live that singular adventure even now in our kaleidoscopic world.  They would have us think deeper thoughts, then, of something larger than we are: where we come from, and where we are going.

Que fuimos creados por Dios, y que fuimos creados para Dios

La Liturgia colocó estas palabras en nuestras mentes y en nuestras bocas en la Fiesta de Santa Escolástica, y así captó la esencia de la mujer misma: Libremente confieso a Cristo; de Cristo está sedienta mi alma; deseo estar por siempre con Cristo.
Lo que era cierto de ella también era cierto de otras mujeres y hombres en los 500 años antes de ella, y en los 1500 años después de ella.  Algunos cercanos a la Iglesia, siempre han sido llamados a servir al Señor en lo que ahora conocemos como la Vida Consagrada.  
Ellos han sido tocados por Cristo, sanados por Cristo, y fascinados por Cristo.  Esta experiencia ha sido tan fuerte y tan profunda que no pueden ver más nada que Cristo.  Con cada nervio (físico, emocional, espiritual), están sedientos de él, de el solamente.  Este amor es tan apasionante que abandonan todo para esperar su venida.
Mujeres y hombres consagrados tienen un lugar de orgullo en nuestra Iglesia.  Ellos son testigos de carne y sangre de una verdad principal de nuestra Fe: concretamente,  que fuimos creados por Dios, y que fuimos creados para Dios... por Amor, y para el Amor.  Aun hoy, ellos viven esa singular aventura en nuestro mundo de caleidoscopio.  Ellos nos hacen pensar más profundamente, sobre algo más que grande que nosotros: de dónde venimos, y hacia dónde vamos.  

Surrender of self

A sower went out to sow, Jesus said in St. Mark’s Gospel (4: 1-20), describing why He was sent by the Father.  Each priest of Jesus Christ knows it all, because he has been it all.
The path, he has been on it, in too much of a hurry to stop, to attend to the fallen seed.  The rock, he has been on it, too busy about himself and his many projects, to let it take root.  The weeds, he has been too much in them, knowing too well how wealth, and position, and power, and honors can choke off the Word.  The rich earth, he has been that too, which is why he remains at his often thankless task. 
And what about you?  The Lord has been sowing in your field as well.  What is he finding there?  Any rich earth?  At all?  It may be that no one of us really knows, neither priest nor parishioner. 
Our life with God is all Mystery.  And how could it be otherwise?  He is all Mystery in himself, after all.  We are mostly mystery in ourselves as well.  You will enter into these mysteries when you are open to the Adventure of Love.
That adventure depends on two things.  It depends on where he wants to take us.  It depends on how willing we are to be taken there.  The whole story of His freedom, the whole story of our freedom, the whole adventure of the spiritual life unfolds from these two things.
Now, you won’t know where He wants to take you unless you get to know him personally (the Real God now, not the false gods of your upbringing, your training, your culture, your sins).  And you get to know him personally in deep prayer alone.
Now, you won’t get to know him in this way unless you are willing to give yourself over into his hands.  Surrender of self is the crucial thing.   

La entrega de sí mismo

Un sembrador salió a sembrar, Jesús dijo en el Evangelio de San Marcos (4:1-20), describiendo como Él había sido enviado por el Padre.  Cada sacerdote de Jesucristo sabe todo, porque lo ha sido todo.
El camino, él ha estado ahí, muy apresurado para poder parar, y atender la semilla que ha caído.  La piedra, él ha estado en ella, muy ocupado con sí mismo y sus proyectos, para dejarla dar raíces.  Los espinos, él ha estado en ellos bastante, sabiendo muy bien como la riqueza, posición, poder, y honores pueden sofocar la Palabra.  La tierra buena, él también la ha sido, es por eso que permanece en esa tarea que no se agradece mucho.    
¿Y tú?  El Señor ha estado sembrando en tu campo también.  ¿Qué está encontrando ahí?  ¿Tierra buena?  ¿O nada?  Puede ser que ninguno de nosotros realmente lo sabe, ni un sacerdote o feligrés.
Nuestra vida con Dios es todo Misterio.  ¿Y cómo pudiera ser de otra manera?  Después de todo, Él es todo Misterio en sí mismo.  Nosotros también somos por la mayor parte un misterio en nosotros mismos.  Entraran en esos misterios cuando estén abiertos a la Aventura del Amor.  
Esa aventura depende de dos cosas. Depende de a donde él nos quiera llevar.  Y depende de que tan dispuestos estemos a ser llevados ahí.  Toda la historia de Su libertad, toda la historia de nuestra libertad, toda la aventura de nuestra vida espiritual se desenvuelve de estas dos cosas.
Ahora, no van a poder saber a donde los quiera llevar El a menos de que lo conozcan personalmente (el Verdadero Dios de ahora,  no los dioses falsos de tu niñez, de tu enseñanza, de tu cultura, de tus pecados).  Y lo llegan a conocer personalmente solamente en oración profunda.
No lo llegaras a conocer de esta manera a menos de que te encomiendes a sus manos.  La entrega de sí mismo es la cosa decisiva.

GRACE THAT REIGNS

Men and women were not meant to be alone, Genesis tells us.  There is a social dimension to their every effort, something social even in the Spiritual Life itself.
That’s how a group known as the Friends of God came to be in Bavaria, Switzerland, the Rhineland, and the Low Countries in the early 14th century.  They were women and men, religious and lay, from all levels of society.  They cultivated a life of interior devotion and interior prayer because they felt the need to draw close together in their own time of social upheaval (not so very different from the upheaval we know today).  Under the guidance of two Dominican priests, John Tauler and Henry Suso, they came to be a loose but arresting corporate expression of the mystical life. 
And it has always been this way in times of renewal in the Catholic Church.  Choose your century, and you will always find wave after wave of renewal for God’s People succeeding one another, at times and places of God’s own choosing.
That’s how we would like to see GRACE THAT REIGNS develop in our own day and in our own place.  We would like to see women and men band together around the Word of Christ and the Sacraments of his Church.  We would like to see them concentrate on the essential themes of Christ’s own preaching.  We would like to see their own lives of deep prayer flower in their own creative forms of the corporal and spiritual works of mercy. 
To that end, we offer this Vade Mecum, our ancestors called it, this Go with Me, this Walk with Me.  It is a mere handbook of essential things that will give shape to this life of prayer of our own Friends of God.

GRACIA QUE REINE
El hombre y la mujer no deben estar solos, nos dice el libro de Génesis.  Hay una dimensión social para cada uno de sus esfuerzos, algo social hasta en la misma Vida Espiritual.
Asi es como un grupo conocido como los Amigos de Dios vinieron a Bavaria, Suiza, a la región de Renania, y los Países Bajos al principio del siglo 14.  Ellos eran mujeres y hombres, religiosos y laicos, de todos los niveles de la sociedad.  Cultivaron una vida de devoción interior y oración interior porque sentían la necesidad de acercarse unos con otros en su propio tiempo de trastorno social (no muy diferente del trastorno que conocemos hoy).  Bajo la guía de dos sacerdotes dominicanos, John Tauler y Henry Suso, llegaron a ser una flexible pero llamativa expresión corporativa de la vida mística.
Y siempre ha sido asi en tiempos de renovación en la Iglesia Católica.  Escojan un siglo, y siempre encontraran ola tras ola de renovación del  Pueblo de Dios para sucederse a sí mismos, en tiempos y lugares que Dios mismo escogió.
Asi es como nos gustaría ver que se desarrolle GRACIA QUE REINE  en nuestros propios días y en nuestro propio lugar.  Nos gustaría ver mujeres y hombres juntarse alrededor de la Palabra de Cristo y los Sacramentos de su Iglesia.  Nos gustaría verlos concentrarse en los temas esenciales de la propia predicación de Cristo.  Nos gustaría ver sus propias vidas de oración profunda florecer en sus propias formas creativas de obras de misericordia corporales y espirituales.  
Para ese fin, ofrecemos este Vade Mecum, asi lo llamaban nuestros antepasados, este Ven Conmigo, este Camina Conmigo.  Es tan solo un manual de cosas esenciales que darán forma a esta vida de oración de nuestros propios Amigos de Dios.

Presumption, ambition, vainglory

Pope Francis caught our attention just before Christmas when he spoke of the “sicknesses, illnesses, temptations” that weaken our service to the Lord.  His ailment of rivalry and vainglory set me to thinking.

That sort of thing comes from Pride, our ancestors thought.  It is one of the three defects born of that ancient source of sin: presumption, ambition, vainglory.

Presumption is an excessive desire for things that are beyond our strength.  It comes from having too high an opinion of ourselves.

Ambition is the excessive love for honors, and dignities, and especially for authority over others.  Because we think too much of our own strength, we can easily consider ourselves superior to others, we can want to dominate them, to impose our ideas upon them.

Vanity is an excessive desire for the esteem of others.  When we have too high an opinion of ourselves, we naturally desire the approval of others.  To be well-thought-of, to be well-spoken-of, we come to hunger for these things, to crave them.  And we then begin to seek them for selfish purposes.

We want to be held in esteem for our own sakes, without referring that judgment to the God who made us from nothing.  Or, we want to be held in esteem for essentially empty things (robes, insignia, honors, the Pope said), things undeserving of real praise.  Or, we want to be held in esteem by those whose judgment is worthless because they are themselves caught up in empty things.

Vanity leads us to speak endlessly of ourselves, a shy and self-deprecating boasting, perhaps, but boasting nonetheless.  Vanity leads us to a certain ostentation in dress, speech, and manner, to draw attention to ourselves, to seek a certain singularity in the way we live.  Vanity leads us to play the hypocrite, satisfied with only the outward appearance of virtue.

Pope Francis made me think.  How about you?

 

Presunción, ambición, vanagloria

El Papa Francisco cautivo nuestra atención un poco antes de la Navidad cuando hablo de las “enfermedades y tentaciones” que debilita nuestro servicio al Señor.  La enfermedad de la vanidad y vanagloria me puso a pensar.

Ese tipo de cosas vienen del Orgullo, pensaban nuestros antepasados.  Es uno de los tres defectos que vienen de aquella fuente antigua de pecado: presunción, ambición, vanagloria.

La presunción es un deseo excesivo por las cosas que están más allá de nuestras fuerzas.  Viene de pensar muy alto acerca de nosotros mismos.

La ambición es un amor excesivo por los honores, dignidades, y especialmente por tener autoridad sobre los demás.  Porque pensamos muy alto acerca de nuestra propia fuerza, muy fácilmente podemos considerarnos superior a los demás, podemos querer dominarlos, e imponer nuestras ideas sobre ellos.

La vanidad es un deseo excesivo de querer el aprecio de los demás.  Cuando tenemos una opinión muy alta acerca de nosotros mismos, por naturaleza queremos la aprobación de los demás.  Que piensen bien de ti, que hablen bien de ti, tenemos hambre de estas cosas, se nos antojan.  Y empezamos a buscarlas por razones egoístas.

Queremos que nos aprecien por nuestro propio interés, sin dejar esa decisión al Dios que nos hizo de nada.  O, queremos que nos aprecien esencialmente por cosas vacías (apariencia, los colores de los vestidos y las condecoraciones, dijo el Papa), cosas que no merecen un elogio real.  O, queremos que nos aprecien aquellos cual opinión no tiene valor porque ellos mismos están atrapados en esas cosas vacías.

La vanidad nos conduce a hablar sin fin acerca de nosotros mismos, un alarde vergonzoso y de desaprobación, tal vez, pero aun así alarde.  La vanidad nos lleva a una cierta ostentación en nuestro vestir, lenguaje, comportamiento, para llamar la atención, para buscar una cierta singularidad en nuestro modo de vivir.  La vanidad nos lleva a ser el hipócrita, satisfecho con solo la apariencia exterior de virtud.

El Papa Francisco me hizo pensar.  ¿Y a ti?



 

 

Christmas and freedom

Mine is a parish like all the rest.  They’re all alike, Georges Bernanos has his country priest say in his lovely little novel of 1937.   My parish is bored stiff; no other word for it.  Like so many others.  We can see them being eaten up by boredom, and we can’t do anything about it. It is an ugly mix of good and bad, his parish, one over the other, like oil and water that never mix.   It’s as if he said: who will clean it?  Who will dissolve its inertia?  Who will free it from its stagnation? 
At the sight of the crowds, his heart was moved with pity.  They were lying prostrate from exhaustion, like sheep without a shepherd. (Matthew 9:36)  Matthew was so sensitive to that pastoral heart of all pastoral hearts.
O Jerusalem, Jerusalem …. How often I have wanted to gather your children together as a mother bird calling her young under her wings, but you refused me. (Luke 13:34)  Luke was so sensitive to the mansuetudo, the meekness, the gentleness wrapped round that mighty Love.
Christmas is about the Incarnation, the coming of the God-Man.  Christmas is about the Redemption, the God-Man’s promise worked through his death and resurrection.  Christmas is about freedom from the burden and boredom of life, from the many forms of captivity (physical, emotional, spiritual) that hold us tight, that hold us back, that hold us down.
The country priest cannot see the cattle he hears coughing in the darkening mists, but he knows the boy on his way home from school will take them with him out of the biting rain into the sheltering warm.  But then he catches himself.  Villages do not scramble to their feet like cattle at the call of a little boy.  He catches himself again.  And yet, last night, I believe a saint might have roused it ….


Mi parroquia es como todas las demás.  Todas son iguales, Georges Bernanos tiene a un sacerdote de pueblo que diga en la pequeña novela del año 1937.  Mi parroquia está aburrida; no hay palabra para decirlo. Como muchas otras.  Podemos ver que las está consumiendo el aburrimiento, y no podemos hacer nada. Es una mezcla fea del bien y del mal, su parroquia, uno sobre el otro, como el agua y el aceite que nunca se mezclan. Es como si dijera: ¿Quién lo va a limpiar? ¿Quién va a disolver su apatía?  ¿Quién lo liberará de su estancamiento?
Al contemplar aquel gran gentío, Jesús sintió compasión, porque estaban decaídos y desanimados, como ovejas sin pastor (Mateo 9:36).  Mateo estaba muy sensible hacia ese corazón pastoral de todos los corazones pastorales. 
¡Jerusalén, Jerusalén… ¡Cuantas veces he querido reunir a tus hijos como la gallina reúne a sus polluelos debajo de sus alas, y tú no has querido! (Lucas 13:34).  Lucas estaba muy sensible hacia al mansuetudo, a la docilidad, esa ternura envuelta alrededor de ese inmenso Amor.
La Navidad se trata de la Encarnación, la venida del Dios-Hombre. La Navidad se trata de la Redención, la promesa del Dios-Hombre cumplida por medio de su muerte y resurrección. La Navidad se trata de la libertad de la carga y del aburrimiento de la vida, de las tantas formas de cautiverio (físico, emocional, espiritual) que nos sostienen tan fuerte, que nos retienen de hacer algo, que nos mantienen abajo. 
El sacerdote de pueblo no puede ver al ganado que escucha toser en esa obscura llovizna, pero sabe que el niño que viene de la escuela hacia la casa lo llevará con él, fuera de esa cortante lluvia hacia un cálido refugio. Pero después se da cuenta de lo que pensaba. Los pueblitos no se ponen de pie como el ganado al llamado de un pequeño niño.  Pero otra vez se da cuenta de lo que pensaba.  Y  aun así, anoche, creo que un santo lo despertaría…


Bishop Emeritus Ronald M. Gilmore
Bishop Emeritus
Ronald M. Gilmore

Ordained & Installed
Bishop of Dodge City
July 16, 1998

 

Diocese of Dodge City


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