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‘Who is our Savior?’

   The following is Part 2 of a 10-part series on the Good News and Kingdom Living.

 “Extreme sports … the ultimate technology … the maximum party.”

What is the ultimate meaning of life?  The three examples above may give us short-term, fleeting, pleasurable moments.  Yet, we still return to being lonely, helpless and hopeless (see part 1).  There must be more.  Deep in our hearts we are longing for something.  Actually, a Someone.

We desire God.  Not just any old god, like a sun-god or a pleasure-god.  Nor are we ultimately yearning for justice or peace.  We long for a personal God, a loving God, a compassionate God.  We have this God:  “I have called you by name: you are mine … you are precious in my eyes and honored, and I love you” (Isaiah 43:1,4).  This identity as a beloved child of God cannot come from a virtual world.

There is more.  God sent His Son, Jesus, to us.  Jesus was conceived in his mother Mary.  Jesus was born as a little baby boy on a cold winter night.  He grew up as the son of the carpenter Joseph.  Jesus taught us of love, forgiveness, and service.  We can identify with Jesus since He is one of us.  Jesus has a human nature, and a God nature.  He is true God and true Man.  He is our Savior.  Jesus also loves us more than we can ask or imagine:  “the Son of God who has loved me” (Galatians 2:20).

This is Good News!  Thank you, God!  Thank you, Jesus!  You are the ultimate meaning of life!  Next part in the series:  the ultimate gift of life.    

 

¿Quién es nuestro Salvador?

(Parte 2 de la serie sobre las Buenas Nuevas y la Vida del Reino.)

 "Deportes extremos... la última tecnología... la fiesta máxima"

¿Cuál es el significado último de la vida?  Los tres ejemplos anteriores pueden darnos momentos placenteros a corto plazo y fugaces.  Sin embargo, al final volvemos a estar solos, indefensos y sin esperanza (ver parte 1).  Debe haber más.  En lo profundo de nuestros corazones anhelamos algo.  En realidad, a Alguien.

Nosotros deseamos a Dios.  No solo cualquier dios antiguo, como un dios del sol o un dios del placer.  Tampoco estamos en última instancia anhelando la justicia o la paz.  Anhelamos un Dios personal, un Dios amoroso, un Dios compasivo.  Tenemos este Dios:  "Te he llamado por tu nombre, tú eres mío... porque te aprecio y eres valioso y yo te quiero" (Isaías 43,1;4).  Esta identidad como un hijo amado de Dios no puede provenir de un mundo virtual.

Hay más.  Dios nos envió a su Hijo, Jesús.  Jesús fue concebido en su madre María.  Jesús nació como un pequeño bebé en una fría noche de invierno.  Creció como el hijo del carpintero José.  Jesús nos enseñó sobre el amor, el perdón y el servicio.  Podemos identificarnos con Jesús ya que Él es uno de nosotros.  Jesús tiene una naturaleza humana, y una naturaleza divina.  Él es el verdadero Dios y hombre.  Él es nuestro Salvador.  Jesús también nos ama más de lo que podemos pedir o imaginar:  "el Hijo de Dios que me amó" (Gálatas 2,20).

¡Estas son buenas noticias!  ¡Gracias, Dios!  ¡Gracias, Jesús!  ¡Ustedes son el sentido último de la vida!  Siguiente parte de la serie:  el regalo último de la vida.  

 

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