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The faces of suffering

 

In an ambulance for the second time in two years.  As a patient.  Suffering.  Who are the faces of suffering?

Disease, surgery, aging, destitution:

Our bodies are frail.  The Lord formed us in our mothers’ wombs.  We grow, weaken through disease, illness, and accident, then die.  God is with us to our death and beyond.  I think of Jesus healing the leper: “Jesus stretched out his hand, touched him, and said, ‘I do will it.  Be made clean’” (Luke 5:13).  At times, Jesus heals us.  At times, we trust that He is bringing us home.  We unite ourselves physically to our Savior’s suffering on the Cross.

Emotional trauma, mental difficulties, loneliness, addictions:

Our minds are frail.  The Lord gave us our reason and intellect to be rational creatures.  At times, we suffer these traumas through no fault of our own.  At times, we fail to choose His plan through our own fault, leading to suffering.  God will comfort us in these challenges.  The Bible teaches about the Samaritan woman at the well: “Jesus answered and said to her, ‘if you knew the gift of God and who is saying to you,’ “Give me a drink,” ‘you would have asked him and he would have given you living water’” (John 4:10).  We trust in Jesus to give us this living water, Himself, in our times of emotional suffering.

Temptation, narcissism, lack of charity, sin:

Our souls are frail.  The Lord gave us free will that we may choose the good and avoid evil.  But we are weak.  Through our ego and narcissism, we fall to temptation.  We sin, turning away from God, each other, and ourself.  Holy Scripture describes Jesus’ pardon of the sinful woman: “So I tell you, her many sins have been forgiven; hence she has shown great love.  But the one to whom little is forgiven, loves little.  He said to her, ‘Your sins are forgiven’” (Luke 7:47-48).  Note how the Lord links love to forgiveness.  When we forgive, we love.  When we love, we forgive.  Our Compassionate Jesus will give us His grace during the suffering of temptation.

How do we approach the face of suffering in others?  In ourself?  Pope Francis’ model fits: to encounter, to invite, and to accompany.  Let us faithfully encounter the face of suffering, and develop a relationship with the person.  Let us gently invite ourselves to assist, invite her into our lives as a sister.  Let us compassionately accompany him in suffering, not giving up, not abandoning our brother.  If I am suffering, let me humbly ask for assistance, not turning inward.  Jesus will help us, He loves us more than we can ask or imagine, especially we who suffer!

 

Los rostros del sufrimiento

 

En una ambulancia por segunda vez en dos años.  Como paciente.  Sufriendo.  ¿Cuáles son los rostros del sufrimiento?

Enfermedad, operaciones quirúrgicas, envejecimiento, indigencia:

Nuestros cuerpos son frágiles.  El Señor nos formó en el vientre de nuestra madre.  Crecemos, nos debilitamos a través de enfermedades y accidentes, y luego morimos.  Dios está con nosotros en nuestra muerte y más allá.  Pienso en Jesús curando al leproso: “Jesús extendió su mano, lo tocó y dijo: ‘Lo haré.  queda sano’” (Lucas 5,13).  A veces Jesús nos cura.  A veces, confiamos en que Él nos está llevando a casa.  Nos unimos a su sufrimiento en la Cruz.

 Dificultades mentales, trauma emocional, soledad, adicciones:

Nuestras mentes son frágiles.  El Señor nos dio nuestra razón e intelecto para ser criaturas racionales.  A veces, sufrimos estos traumas sin que sean por culpa nuestra.  A veces, no podemos elegir su plan por nuestra propia culpa, que nos conduce al sufrimiento.  Dios nos consolará en estos desafíos.  La Biblia enseña acerca de la mujer samaritana en el pozo: “Jesús le respondió y le dijo: ‘Si conocieras el don de Dios y te dijera:’ Dame un trago ‘,’ tú le hubieras preguntado y él te habría dado agua viva’” (Juan 4,10).  Confiamos en que Jesús nos dará este agua viva, Él mismo, en nuestros tiempos de sufrimiento emocional.

 Tentación, narcisismo, falta de caridad, pecado:

Nuestras almas son frágiles.  El Señor nos dio el libre albedrío para que podamos elegir el bien y evitar el mal.  Pero somos débiles.  A través de nuestro ego y narcisismo, caemos en la tentación.  Pecamos, apartándonos de Dios, el uno del otro, y de nosotros mismos.  La Sagrada Escritura describe el perdón de Jesús a la mujer pecadora: “Por eso te digo que se le han perdonado numerosos pecados, por el mucho amor que demostró.  Pero al que se le perdona poco, poco amor demuestra.  Él dijo a la mujer: ‘Tu fe te ha salvado’” (Lucas 7,47-48).  Observe cómo el Señor une el amor al perdón.  Cuando perdonamos, amamos.  Cuando amamos, perdonamos.

¿Cómo nos acercamos al rostro del sufrimiento en los demás?,  ¿en nosotros mismos?  El modelo del Papa Francisco encaja: encontrar, invitar y acompañar.  Encontremos fielmente el rostro del sufrimiento, y desarrollemos una relación con la persona.  Invitémonos suavemente a ayudarla, a invitarla a nuestras vidas como una hermana.  Vayamos en la compasión acompañándola en el dolor, sin darnos por vencido, sin abandonar nuestro hermano.  Si estoy sufriendo, permíteme humildemente pedir ayuda, no volviéndome hacia adentro.  Jesús nos ayudará, nos ama más de lo que podemos preguntar o imaginar, ¡especialmente los que sufren!

 

 

 

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