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March 4, 2018

The Ultimate Gift

BY THE MOST REV. JOHN B. BRUNGARDT
Bishop of the Catholic Diocese of Dodge City

 The following is Part 3 of a 10-part series on the Good News and Kingdom Living.

What were the most important gifts in your life?  As a child, maybe the memorable gift was that toy you played with for weeks, or that first bicycle.  As you matured, you realized that great gifts came in the form of family and friendships.  As you got to know God, you realized that many gifts are given by our Loving Lord.

In part 1 of this series, we explored that we are alone, helpless, and hopeless without a Savior, and in part 2 we looked at the ultimate meaning in life: Our Lord and Savior Jesus.  We are now ready to consider the ultimate gift in our lives.

Jesus came to earth, born of Mary, true God and true Man, to be one of us.  He taught us of love, compassion, reconciliation, and service.  Yet, He did something more, much more.  Jesus suffered a cruel persecution, and was killed:  the crucifixion.  "No one has greater love than this, to lay down one's life for one's friends" (John 15:13).  Our Savior did this to take away our sins.  "Christ's death is the unique and definitive sacrifice" (CCC #613).  Jesus did this because He loves us.

On Easter, Jesus rose from the dead:  the resurrection.  "He is not here, but he has been raised" (Luke 24:6).  This crucifixion and resurrection opens for us the ultimate gift of life:  Salvation.  Eternal Life.  Heaven.  Everlasting peace, joy, and perfect love without end.

Through Him the children of light rise to eternal life

and the halls of the heavenly Kingdom

are thrown open to the faithful;

for His Death is ransom from death,

and in His Rising the life of all has risen.  

(Preface II of Easter)

Thus we are not alone, helpless, and hopeless.  We have Jesus as the ultimate meaning of our lives.  He died to take away our sins, and rose to open the gates of heaven for us, giving us the ultimate gift:  Salvation!  Now that is Good News!  Now that is love!    

+ Bishop John

El don supremo

Parte 3 de la serie: las Buenas Nuevas y la Vida del Reino.

¿Cuáles fueron los regalos más importantes en tu vida?  De niño, tal vez el regalo memorable fue ese juguete con el que jugaste durante semanas, o esa primera bicicleta.  A medida que madurabas, te dabas cuenta de que los grandes regalos venían en la forma de la familia y las amistades.  Cuando conociste a Dios, te diste cuenta de que muchos de nuestros dones son dados por nuestro Señor Amoroso.

En la parte 1 de esta serie, exploramos que estamos solos, indefensos y sin esperanza sin un Salvador, y en la parte 2 analizamos el significado último de la vida: Nuestro Señor y Salvador Jesús.  Ahora estamos listos para considerar el don supremo en nuestras vidas.

Jesús vino a la tierra, nacido de María, verdadero Dios y verdadero Hombre, para ser uno de osotros.  Él nos enseñó sobre el amor, la compasión, la reconciliación y el servicio.  Sin embargo, hizo algo más, mucho más.  Jesús sufrió una cruel persecución y fue asesinado:  la crucifixión.  "Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos" (Juan 15,13).  Nuestro Salvador hizo esto para quitar nuestros pecados.  La muerte de Cristo es el sacrificio único y definitivo" (cf. CIC n.º 613).  Jesús hizo esto porque nos ama.

En Pascua, Jesús resucitó de entre los muertos:  la resurrección.  "No está aquí, ha resucitado" (Lucas 24,6).  Esta crucifixión y resurrección nos abre el don supremo de la vida:  la Salvación.  La vida eterna.  El Cielo.  La paz eterna, la alegría y el amor perfecto sin fin.

Por Él, los hijos de la luz nacen a la Vida eterna,

y se abren para los creyentes

las puertas del reino de los cielos,

porque en la muerte de Cristo nuestra muerte ha sido vencida,

y en su Resurrección todos hemos resucitado a la Vida.  

(Prefacio II de Pascua)

Por lo tanto, no estamos solos, indefensos y sin esperanza.  Tenemos a Jesús como el significado último de nuestras vidas.  Él murió para quitar nuestros pecados y se levantó para abrirnos las puertas del cielo, dándonos el don supremo: ¡la salvación!  ¡Estas son Buenas Noticias!  ¡Esto es amor!

+ Mons. John B. Brungardt, obispo

 

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