¿Qué, Escasez de Vocaciónes?
Por Russell Shaw
A pesar de todo lo que se a dicho acerca de la escasez de vocación, no existe tal cosa en la Iglesia Católica. La escasez verdadera es la del discernimiento vocacional, y eso es un problema muy diferente. La insuficiencia en el número de candidatos para el sacerdocio a la vida consagrada y otras formas de testimonio y servicio cristianos desaparecerían rápidamente si muchos más católicos, e idealmente todos, lo hicieran una práctica para discernir, aceptar y vivir en el mundo el llamamiento extraordinario e irreemplazable de Dios. La idea de la vocación personal y la práctica del discernimiento es también la llave para entender el clericalismo de la vida católica, una vez y para siempre y reemplazarlo con una comprensión sana de relaciones clero-legos,(sacerdotes y laicos). La vocación personal y el discernimiento vocacional son también esenciales para ayudar a los laicos, a entender su papel apropiado, en el llevar al cabo la misión de la iglesia. Estos son las discusiones mas grandes, que se llevan a cabo en el mundo. Religiosamente hablando existen tres sentidos de lo que significa la palabra "vocación". El primero de éstos es la vocación común cristiana, recibida en el bautismo y reforzada por la confirmación. En el compromiso de fe , que es adorar y servir a Dios ante todo. Adorar y servir al prójimo como a mí mismo, y así colaboramos en el trabajo redentor de Cristo, que es la misión de la iglesia. En 1964 el Concilio Vaticano Segundo declaro que todos los bautizados "son designados por su carácter bautismal al culto religioso cristiano" y tienen una obligación de "profesar ante todos los creyentes la fe que ellos han recibido" ("Constitución Dogmática en la Iglesia," No. 11). El segundo significado de la palabra "vocación" se refiere a lo que le llamamos tradicionalmente "el estado de vida." El estado sacerdotal, la vida consagrada, el matrimonio cristiano, y la soltería en el mundo. Estos especifican la vocación común cristiana, eligiendo… estos compromisos propuestos en nuestra existencia, formamos nuestra vida. Estos estados de vida en el cristianismo nos complementan y nos refuerzan el uno al otro, y no para competir entre nosotros. El tercer significado de la "vocación" que se utiliza es el de la vocación personal. Este es la combinación extraordinaria de compromisos, de relaciones, de obligaciones, de oportunidades, de las fuerzas y las debilidades de la vocación cristiana común. Es un estado de vida en el que se expresa concretamente, vivir y aceptar y vivir la voluntad de Dios en el mundo. Es el papel particular dado por Dios para cada uno de nosotros en su plan redentor. "Somos su colaboradores, creados en Jesucristo para realizar obras buenas, que Dios preparó de antemano, y que debemos caminar en ellas" (Eph 2:10). O, como el Papa John Paul II dijo en un mensaje por el Día Mundial de las Vocaciones en 2001, "Cada vida es una vocación."
Cuándo los católicos hablan de la vocación, ellos hablan del estado de vida. De hecho, se refieren al sacerdocio, a la vida religiosa, al "director de vocaciones" que es alguien en la diócesis o instituto religioso, responsables de reclutar a los que piensan ellos que pueden ser llamados a ser sacerdotes o religiosos; el programa de vocación es hecho con este propósito. Desde el punto de vista cristiano, no hay nada malo con hablar de la vocación de esta manera. El sacerdocio y la vida religiosa son realmente los estados de vida y, la parte central del llamamiento de Dios. El daño más obvio está en comunicar a los llamados: "Usted no tiene vocación." Esto puede ser desilusion para algunos y las noticias bienvenidas para otros; pero en cualquier caso es un factor desmotivador al discernimiento continuo. Aquí está una de las causas de la mentalidad de clerical todavía tan esparcida entre católicos. La idea de la vocación personal es el antídoto ("la medicina"). Dios llama a cada miembro de la iglesia por su nombre. Visto desde este punto, el desafío consiste en identificar su vocación. La idea de la vocación personal no esta familiarizada por la mayoría de los católicos hoy, es una idea nueva. Tiene sus raíces en la doctrina de Paulo sobre los carismas y de la iglesia como el cuerpo de Cristo. S. Francisco de Sales, por ejemplo habló de la vocación personal en su Tratado en el Amor de Dios, aunque él no utilizó el término. No es la voluntad de Dios que todos vivan los consejos evangélicos, él dice, "que estos consejos se viven según el estado de vida de las personas, en tiempos, en ocasiones, y en habilidades." Los escritores como S. Ignatius Loyola y Jean Pierre de Caussade, S.J., sugieren lo mismo. John Henry Newman cardinal ofreció una exposición especialmente intuitiva de la vocación personal en uno de los sermones que él dio, cuando aun era anglicano, el sermón se llamó "Las Llamadas Divinas." Newman acentuó el aquí y ahora, el carácter progresivo de esta llamada extraordinariamente personal: "Pero la verdad es que nosotros no somos llamados solo una vez, sino siempre; Cristo nos esta llamando. El nos llamó primero en bautismo; pero continúa llamándonos. ... El ve nuestras aptitudes y circunstancias naturales en la vida. Su voz continúa escuchándose en nosotros como la escucharon sus discípulos, cuando vivía en la tierra. ¿Dada la existencia de este testimonio poderoso y persuasivo, por qué han sido los católicos lentos en entender la idea de la vocación personal? Una razón probable, es la de Martin Luther que era un exponente entusiasmado de esta verdad. "Todos deben atender su propia vocación y su trabajo," él escribió. Pero Luther rechazó también la idea de mediación en el reino espiritual y también… el sacerdocio y la vida religiosa. La reacción que esto provocó entre los católicos ayudó a marcar la idea de la vocación personal en círculos católicos por siglos. En tiempos modernos, el concepto se puede encontrar en los documentos del Concilio Vaticano Segundo y en algunos documentos postconciliares del magisterio. Nadie analizó la idea con más cuidado ni la promovió tan vigorosamente como el Papa John Paul II, quien escribió acerca de su vocación personal antes de llegar a ser el Papa (en el Amor y Responsabilidad, que apareció en Polonia en 1960) y lo ha vuelto a repetir durante su pontificado. En su primera encíclica, Redemptor Hominis, publicado en 1979. Verdaderamente, la iglesia al igual que las personas son "El Cuerpo Místico de Cristo." La asociación en ese cuerpo tiene para su fuente una llamada particular, unida con la acción que salva por la gracia. Por lo tanto, si deseamos tener presente el cuerpo místico de Cristo, cada uno debemos escuchar el llamado…("Sígueme"). (No. 21) La idea de la vocación personal es un complemento importante. El Concilio Vaticano II enseña acerca de la llamada universal a la santidad. El concilio declara ("Constitución Dogmática en la Iglesia," No. 39). Son pocos los miembros fieles, que son llamados, "a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección del amor,"). Pero no hay quien guié en el mundo para vivir esta vocación, y todavía menos estímulo para hacerlo. Todos tienen una vocación personal, una llamada irrepetible de Dios para jugar un papel particular en su plan redentor y la misión de la iglesia. La tarea de cada uno deberá discernir lo que Dios hace, lo que acepta y lo que vive. Eso responde a la llamada universal de ser santo. De una vista elitista del discernimiento vocacional, que tiende a tratarlo como un ejercicio para un grupo selecto , el discernimiento es para todos. "El objetivo fundamental de la formación del laico es un descubrimiento más claro de su vocación y un consentimiento más grande de vivirlo en el mundo," Papa John Paul II dice en su documento de post-sinodal en el laicado, Christifideles Laici (1989). Para llevar a cabo este mandato, las parroquias necesitan llegar a ser escuelas de discernimiento vocacional—los lugares donde la liturgia, la catequesis y dirección espiritual alientan a los feligreses a que continúen respondiendo a las interrogantes hechas por Dios. El esfuerzo debe empezar con los niños (a una edad apropiada) y continuar con los adolescentes, los adultos jóvenes y los adultos, en cada etapa de su vida. En oportunidades especiales como —los retiros, ejercicios espirituales—deben ser proporcionados por los directores vocacionales. El objetivo es el discernimiento, no el reclutamiento. ¿Pero, alguien quizás se oponga, pensando que al exponer la vocación personal distrae a las personas a distinguir la llamada al sacerdocio y la vida consagrada? ¿No será este el motivo para que se de la escasez a la vocación diaria ? La respuesta es no. Si muchos más católicos practicaran el discernimiento progresivo con respecto a sus vocaciones personales, muchos más descubrirían que ellos son llamados al sacerdocio o la vida consagrada. La mejor solución a la escasez de nuevos candidatos—y a muchos otros problemas en la vida católica contemporánea también—es la vocación personal. Verdaderamente, puede ser el único.
Russell Shaw is co-author, with Germain Grisez, of Personal Vocation: God Calls Everyone by Name (Our Sunday Visitor Publishing, 2003) and author, co-author or editor of 15 other books.
Copyright National Coalition for Church Vocations. Used with permission for Diocese of Dodge City ONLY. Complete I CAN FIND MY WAY resource ($85) available from NCCV.
www.nccv-vocations.org / 800.671.6228. Mention Dodge City special and receive $10 off.