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A brief moment with Pope Francis

Newlyweds Deanna and Michael Johnston of Dodge City had a chance encounter with Pope Francis while honeymooning recently in Rome.

By DIANNA JOHNSTON
Special to the Register

Editor’s Note: Dianna Johnston is a pastoral minister at the Cathedral of Our Lady of Guadalupe. A photo of her and her husband, Michael’s encounter with Pope Francis is on Page 1.

My husband and I were married on Oct. 5 in my hometown of Memphis, TN.  It sounds cliché to say this, but it really was the happiest day of my life.  After three years of working with engaged couples at the Cathedral of Our Lady of Guadalupe and teaching the Theology of the Body, it was wonderful to enter into the Sacrament of Marriage with my best friend, surrounded by our family and friends.  God is so good!  
Before we were even engaged, Michael and I knew that we would be going to Rome in October for our last Graduate Theology course with Newman University. The trip doubled as our honeymoon and we were able to spend 12 days there, which included a trip to Assisi and Orvieto. Rome itself is an overwhelming experience.  Standing in basilicas that were built more than a thousand years before our country was founded gave me a deeper appreciation for our faith.  One of my favorite places was St. Peter’s Basilica.  The moment we stepped into the building it felt like home.  The artwork was breathtaking, and the architecture impressive; but what made that basilica feel like I was standing in my home parish was the realization that this is where the foundations of our Catholic faith were laid.  It gave a whole new meaning to “You are Peter, and upon this rock I will build my Church, and the gates of hell shall not prevail against it” (Mt 16:18).  
On Oct. 16 my husband and I attended the papal audience in St. Peter’s Square.  We were able to obtain Sposi Novelli  (newlywed) tickets, which meant that we were invited to wear our wedding attire to the audience and sit in a special section that was a little bit closer to the Holy Father.  
Our seats were surrounded by barricades and we were several rows back in our section, so we assumed that we might get to see the pope from 100 feet away, or if we were really lucky he might come down our side of the barricade to wave hello.  No matter what happened we were grateful for this experience.  
After the Holy Father’s address, the Vatican security guards instructed us to file out of the section.  I assumed that meant everything was over now and it was time to go home.  And then we realized they are taking us to Pope Francis!  They looked at each couple, making sure the men had their jackets buttoned up appropriately, and that the women had the proper attire.  It was one of those moments where we could not help but see how God placed us in the right place, at the right time, and before we knew it we were standing at the center of the platform waiting for the Holy Father to come and greet us.  
It is hard to put into words the thoughts and emotions we experienced when we saw the Successor of Peter standing right in front of us.   
As the Holy Father shook Michael’s hand, I said (in Spanish) “Holy Father, we are from the United States.  We are praying for you.”  Pope Francis shook my hand, and then Michael handed him a holy card that we had given to our wedding guests which has a picture of the Divine Mercy.  I told the Holy Father, “This is a gift from our wedding.  We were married on Oct. 5, the feast of St. Faustina.”  Pope Francis looked at both sides and smiled, and then he made his way to the next couple in line.  Michael and I stood there for a moment a bit awestruck at what had just happened.  
There’s one thing that struck me more than anything else about our brief moment with the Holy Father: He knows the gift of presence.  
When I think about our wedding reception and brief moments I was able to spend personally greeting our guests, I have to admit that I probably was not as focused on each person as I should have been.  Sometimes all I could do is blurt out a quick, “Thanks for coming!  It’s great to see you!” before running back to the floor for another favorite song.  
And then I think about our moment with Pope Francis.  The Pope had to have greeted hundreds of people before he came to us.  He wasn’t just shaking hands and kissing babies because of some kind of obligatory Papal Duty; rather, he greeted each person, he looked at each one of us like a father lovingly looks at his children.  Even though he didn’t say a word, he listened to us.  He looked at us.  He smiled at us.  In that moment he was present to each person, sharing the love and joy of Christ even if it was only with a smile.  
Looking back at the pictures that were taken of us with Pope Francis it is still hard to believe that we were able to experience something so special.  The Holy Father gave us just a few seconds of his time, but he taught us that sharing the joy of our faith can be as simple as being joyful and fully present to each person we encounter.    This is one of the best wedding presents we could have ever received, and a wonderful way to begin our life as newlyweds.

Unos momentos con Francisco

Por Deanna Johnston
Mi esposo y yo nos casamos el 5 de octubre en mi ciudad natal de Memphis, Tennessee. Suena cliché de decir esto, pero en verdad fue el día más feliz de mi vida. Después de tres años trabajando con parejas comprometidas en la Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe y dando enseñanzas sobre la Teología del Cuerpo, fue maravilloso entrar al Sacramento de Matrimonio con mi mejor amigo, rodeados por nuestra familia y amigos. ¡Dios es tan bueno!
Antes de comprometernos, Michael y yo supimos que íbamos a ir a Roma en octubre para nuestro último curso de Teología Posgrado con la Universidad de Newman. El viaje sirvió doble como nuestra luna de miel y pudimos pasar 12 días allí, que incluyó un viaje a Asís y Orvieto.
Roma fue una experiencia abrumadora. Estando en las basílicas que fueron construidas más de mil años antes de nuestro país fue fundado me dio una apreciación más profunda de nuestra fe. Uno de mis lugares favoritos era la Basílica de San Pedro. El momento que entramos dentro del edificio se sintió como si estábamos en casa. Las obras de arte eran asombrosas y la arquitectura era impresionante; pero lo que hizo que la basílica se sintiera como si estaba en mi casa parroquial fue en darnos cuenta que este es el lugar donde el fundamento de nuestra fe Católica se construyó. Le da un nuevo significado a “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificare mi Iglesia; los poderes de la muerte jamás la podrán vencer” (Mateo 16:18).
El 16 de octubre mi esposo y yo atendimos la audiencia papal en la Plaza de San Pedro. Pudimos obtener tiquetes de Sposi Novelli (recién casados), que significaba que fuimos invitados a estar vestidos en nuestro traje de boda a la audiencia y sentarnos un una área especial que estaba un poco más cerca al Santo Padre.
Nuestros asientos estaban rodeados por barricadas y estábamos varias filas hacia atrás en nuestra sección, así que asumimos que a la mejor íbamos a ver al Papa de 100 pies de distancia, o si realmente teníamos suerte el pasaría por nuestro lado de la barricada saludar a todos. Pase lo que pase estábamos agradecidos por esta experiencia.
Después de la palabra del Santo Padre, los guardias de seguridad del Vaticano nos instruyeron que nos fuéramos de la sección. Supusimos que significaba que ya había terminado y que era hora de regresar a casa. ¡Y después nos dimos cuenta que nos estaban llevando al Papa Francisco! Vieron a cada pareja, para asegurar que los hombres tuvieran sus chaquetas abotonadas apropiadamente, y que las mujeres tenían vestimenta apropiada. Era una de esos momentos en que no podíamos ayudar a ver cómo Dios nos puso en el lugar correcto y en el momento justo, y antes de que nos diéramos cuenta estábamos parados al centro de la plataforma esperando que el Santo Padre para venir a saludarnos.
Es difícil poner en palabras los pensamientos y emoción que sentimos cuando vimos que el Sucesor de Pedro estaba parado en frente de nosotros.
Mientras el Santo Padre saludaba la mano de Michael, yo dije (en español) “Santo Padre, somos de los Estados Unidos. Estamos rezando por ti.” El Papa Francisco me saludo mi mano, y después Michael le dio una tarjeta santa que tenía una imagen de la Divina Misericordia. Le dije al Santo Padre, “Este es un regalo de nuestra boda. Nos casamos el 5 de octubre, la fiesta de San Faustina.” El Papa Francisco miro ambos lados y sonrió, y continúo su camino a la próxima pareja en línea. Michael y yo estuvimos allí por un momento un poco asombrados de lo que había pasado.
Hay una cosa que note más que nada sobre nuestro momento breve con el Santo Padre: Él conoce el don de la presencia.
Cuando pienso sobre nuestra recepción de boda y momentos breves que pude pasar personalmente con nuestros invitados, tengo que admitir que probablemente no fui tan enfocada en cada persona, como lo debí de haber sido. A veces todo lo que podía hacer es decir un rápido, “¡Gracias por venir! ¡Es bueno verte!” antes de regresar a bailar otra canción favorita.
Y después pienso en nuestro momento con el Papa Francisco. El Papa tuvo que recibir a cientos de personas antes que llego con nosotros. No solo saludaba manos o besaba bebes porque era algún tipo de obligación Papal; sino, saludo a cada persona, nos miraba a cada uno de nosotros como un padre mira a sus hijos e hijas. Aunque no dijo ni una palabra, él nos escuchó. Él nos miró. Él nos sonrió. En ese momento él fue presente a cada persona, compartiendo el amor y alegría de Cristo aunque sólo con una sonrisa.
Mirando a las fotos que nos tomaron con el Papa Francisco, todavía es difícil de creer que fuimos capaces sentir algo tan especial. El Santo Padre nos dio sólo unos segundos de su tiempo, pero nos enseñó que compartiendo la alegría de nuestra fe puede ser tan simple en ser alegre y plenamente presente a cada persona que encontramos. Este es un regalo más mejor que pudimos haber recibido y una manera maravillosa de comenzar nuestra vida como recién casados.

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