Iglesia trata de ayudar familias inmigrantes a luchar contra la separación

Por Michelle Martin

Catholic News Service

CHICAGO (CNS) — Cuando se trataba de ley de inmigración, Carmen Estacio, ciudadana estadounidense naturalizada que es de las Filipinas, hizo todo segun la regula, incluyendo solicitar una visa para su hijo, que entonces tenía de 18 años, para que se uniera a ella en Estados Unidos.

Ella entregó la solicitud en 1991. Su hijo, ahora con 33 años de edad, llegó de las Filipinas en junio pasado.

"Yo esperé y esperé y esperé", dijo Estacio. "Pedí ayuda a congresistas. Pensé conseguir un abogado, pero yo sabía que esto era muy costoso".

La experiencia de Estacio ilustra un problema con la ley de inmigración de Estados Unidos, que las familias terminan separadas durante años, dicen los proponentes de reforma de inmigración. Esos proponentes incluyen la Conferencia Estadounidense de Obispos Católicos (USCCB), que en mayo lanzó su campaña Justicia Para Inmigrantes.

La espera de 14 años del hijo de Estacio es en realidad más corta que el atraso actual de 22 años para que hermanos de inmigrantes filipinos puedan emigrar hacia Estados Unidos, de acuerdo con Fred Tsao, director de política para la Coalición de Illinois Para los Derechos de Inmigrantes y Refugiados.

En general, la espera promedio para visas preferenciales de familiares — la manera más común para que nuevos inmigrantes entre a Estados Unidos — es 12 años, dijo Tsao a The Catholic New World, periódico de la Arquidiócesis de Chicago.

Él explicó que un número limitado de visas es aprobado anualmente, con límites adicionales en categorías como hermanos, hijos adultos, etc.

Los tiempos de espera dependen del país de origen, con cada nación limitada generalmente a no más del 7 por ciento de las 226.000 visas preferenciales de familia que están disponibles cada año. El sistema favorece a inmigrantes del Hemisferio Occidental.

"El número de personas solicitando es de 10 a 20 veces el número que puede ser acomodado bajo la ley", dijo Tsao.

Padres, esposos y niños menores de los ciudadanos no tienen que esperar, dijo Tsao, pero hasta eso se complica. Por ejemplo, si un ciudadano solicita una visa para sus padres, ellos pueden venir a Estados Unidos. Pero si el ciudadano tiene hermanos y hermanas en su hogar de origen, ellos no pueden venir con sus padres, no importa cuán jóvenes sean.

Tsao dijo que uno de los proyectos de ley abarcadores en el congreso, patrocinado por los senadores John McCain, republicano de Arizona, y Edward Kennedy, demócrata de Massachusetts, atendería eso.

Él dijo que éste también crearía un programa de trabajadores invitados más factible, dándole a personas con comprobante de trabajo en Estados Unidos la oportunidad de obtener una visa de tres años, renovable por otros tres años, con la oportunidad de obtener estado de residente permanente.

Muchos trabajadores indocumentados en Estados Unidos, estimados entre 8 millones y 11 millones, también recibirían permiso legal para quedarse, aunque deberán pagar una multa de $2.000 y moverse al final de la fila para el estado permanente.

El proyecto de ley, que tiene el apoyo de la USCCB, también aumentaría el número de visas disponibles para trabajadores no diestros. Casi todas las visas actuales basadas en empleo van a trabajadores de alta destreza. El programa de trabajadores invitados permitiría que los trabajadores trajeran con ellos sus esposas e hijos menores.

Lo que sea que el congreso haga con la inmigración, es probable que sea muy tardío para Teresa Figueroa, mujer de Melrose Park que está programada para ser deportada este verano. Figueroa entró a Estados Unidos con visa legal en 1999, pero luego compró el número del Seguro Social de otra persona para obtener empleo.

La persona cuyo número ella compró alertó a la policía después que el IRS le preguntó sobre ingresos no reportados del empleo en que Figueroa trabajaba. Figueroa fue arrestada.

Madre de cuatro y abuela de uno, Figueroa dijo que ella nunca tuvo la intención de herir a nadie y que si ella hubiese sabido en cuántos problemas se iba a meter, ella no lo hubiese hecho.

Aunque la Coalición de Illinois Para los Derechos de Inmigrantes y Refugiados estaba buscando legislación especial para permitir que ella se quede, Figueroa estaba apoyándose fuertemente en su fe para que la sacara adelante. Con las horas que pasaba en su empleo, ahora ella ora y hace trabajo voluntario en la parroquia St. Charles Borromeo.

"Tengo una fe grande", dijo Figueroa. "Lo que Dios decida será lo mejor para mí. Algo por lo que estoy agradecida es que estoy viva y soy feliz".

"Todo el tiempo que me queda quiero ayudar a toda la gente que pueda", dijo ella. "A la gente que tiene documentos yo les diría que apoyen a los que no tienen. Les diría que oren mucho y tengan fe pidiéndole ayuda a Dios. Si Dios estuviese aquí ahora mismo, él no le traería los inmigrantes al César. Él lucharía con ellos y los apoyaría".