‘Listen to Him’
A column by the Most Rev. Ronald M. Gilmore
Bishop of Dodge City
(The Spanish version is at bottom. Vea la traducción espanol abaho.)
Woe is me if I do not preach the Gospel, St. Paul told us on Sunday: if I do not hand on the good news, if I do not evangelize. He felt this as a necessity placed upon him, as a kind of compulsion.
That helps us into Paul’s own mind and heart, of course. It is a way of understanding how he worked, a way of getting at what motivated him. But to stop there is to miss something important.
The line is more than a simple statement about Paul: it is also a challenge to all who listen to Paul. I am the me of the text. You are the me of the text. Woe are we if we do not preach the Gospel. Paul is asking us what happened to our sense of necessity. Paul is wondering where our sense of compulsion has gone.
To accept the Gospel, to believe in it, is to have it penetrate every corner of our lives, the dark as well as the light. When that penetration sets us free, we are so grateful that a certain necessity should well up within us. If it means so much to us, we should feel driven to hand on what we have seen and heard of Jesus Christ.
Some do this as priests. Some do this as consecrated women. Some do this as missionaries. Some do this as serious Catholics. The same dynamic is at work in every case. Gratitude wells up. Gratitude overflows. We cannot help but hand it on.
So just where is the necessity? Those who do not feel it have not fully taken in this Word of God.
-- Most Rev. Ronald M. Gilmore
Bishop of Dodge City
Hay de mí si no predico el Evangelio!, nos dice San Pablo el domingo: sin no proclamo la buena noticia, si no evangelizo. Él sintió esto como una necesidad puesta sobre él, como una especie de compulsión.
Esto nos ayuda, desde luego, a entrar en la propia mente y corazón de Pablo. Es una forma de entender la manera como trabajaba, de llegar a lo que lo motivaba. Pero detenernos ahí es dejar de lado algo importante.
Esta frase es algo más que una simple afirmación acerca de Pablo: es también un reto para todos aquellos que escuchan a Pablo. Yo soy el mí del texto. Ustedes son el mí del texto. Hay de nosotros si no predicamos el Evangelio. Pablo nos está preguntando qué ha pasado con nuestro sentido de lo necesario. Pablo se pregunta a dónde ha ido nuestro sentido de compulsión.
Aceptar el Evangelio, creer en él, es hacer que penetre en todos los rincones de nuestra vida, tanto en los oscuros, como en los luminosos. Cuando esta penetración nos libera, quedamos tan agradecidos, que una cierta necesidad empieza a surgir en nosotros. Si esto significa tanto para nosotros, deberemos sentirnos impulsados a transmitir lo que hemos visto y oído de Jesucristo.
Algunos lo hacen como sacerdotes. Algunas lo hacen como mujeres consagradas. Algunos lo hacen como misioneros. Algunos lo hacen como serios católicos. La misma dinámica opera en todos los casos. La gratitud se acumulad. La gratitud se desborda. No podemos sino trasmitirlo.
Entonces, ¿dónde está la necesidad? Quienes no la sienten, no han hecho suya totalmente esta Palabra de Dios.
-- Obispo Ronald M. Gilmore