Mujer de Troy parece desamparada, pero en realidad está haciendo trabajo misionero
Por Kate Blain
Catholic News Service
TROY, Nueva York (CNS) — Rosa Murillo se ríe mientras recuerda toda la gente de Troy que le ha dado dinero. Un hombre la miró mientras ella devolviendo latas por 5 centavos cada una en el supermercado Price Chopper y le dio un billete de $20. Otra persona le pasó $3 después de la Misa en la iglesia St. Anthony of Padua.
Muchos troyanos piensan equivocadamente que ella es desamparada porque ven la diminuta mujer colombiana, vestida en un viejo abrigo y gorra de media, recogiendo latas por toda la ciudad. Ellos no se dan cuenta que ella tiene un mayor propósito.
Todo el dinero que Murillo, de 89 años de edad, recoge va al trabajo misionero en el país o en el extranjero. "Yo tengo cartas de las misiones y éstas dicen, ‘envía dinero’, así que digo, ‘bien’", dijo ella a The Evangelist, periódico diocesano de Albany.
Aunque lucha para hablar inglés, ella estaba deseosa que su "misión para las misiones" fuera entendida.
Ella vino a Estados Unidos hace 40 años. Ella había estado trabajando cuidando niños para una familia en Venezuela hasta que un amigo le dijo: "Yo sé que a ti te gustaría ir (a Estados Unidos)".
En ese entonces Marty Lombard, de University Parish Christ Son of Justice, en Troy, buscaba una niñera para sus seis hijos, ya que ella enseñaba en la escuela durante el día. El trabajo se ajustaba perfectamente para Murillo, quien se quedó hasta que las cuatro niñas y los dos niños crecieron. Ella también se hizo comunicante diaria en Christ Son of Justice.
Después de eso ella trabajó para una familia en Albany durante seis años. Cuando ella llegó a la edad de jubilación se comunicó con su antigua patrona para obtener consejo, desconcertada sobre dónde vivir.
"Puedes vivir aquí", le dijo Lombard y Murillo se mudó prontamente a su antigua habitación.
Pero no tomó mucho tiempo para decidir que la jubilación a tiempo completo no era para ella. "Permanecí en mi habitación dos días y dije: ‘No me quedo más. Saldré’", recordó ella.
Un día ella notó una mujer recogiendo latas de barriles de basura y siguió la mujer hasta un colmado, donde ella se enteró que había un centro de la devolución de latas en cambio de plata.
"ˇElla se vende por 5 centavos cada una!" Murillo dijo excitadamente. Tan simple como eso ella había encontrado su propia forma de redención, algo que la mantuviera ocupada durante la jubilación. Ella consiguió un carro de cargar víveres y comenzó a recoger latas.
"Voy a todos los lugares. A veces el carro está como esto", dijo ella indicando regocijadamente una pila más alta que su cabeza.
Lombard dijo que ella tuvo que rogarle a su anciana inquilina que dejara de quedarse afuera tarde después que oscureciera.
"La gente dice: ‘O, Marty, vi a Rosa el otro día’", comentó ella. "Rosa dice: ‘Cómo ellos sabían mi nombre?’. Yo digo: ‘ˇRosa, todos te conocen!’".
"Me siento feliz porque estoy ocupada. Dios, María y San José -– ellos me acompañan", dijo Murillo.