Lento arreglo se predice para complejas fallas observadas en el sistema de inmigración de EEUU
Por Patricia Zapor
Catholic News Service
WASHINGTON (CNS) — Hasta en Washington, en donde se debate continuamente, el tratar de encontrar alguien que no piense que el sistema de inmigración de EEUU no es otra cosa sino una gran confusión equivaldría a tratar de encontrar una aguja en un pajar.
Casi igual de difícil sería encontrar una forma de componer el sistema que satisfaga un gran número de diversos grupos que tienen intereses en las leyes de inmigración y su política de acción.
La mayoría está de acuerdo en el tipo de problemas:
— De 8 millones a 11 millones de personas que no cuentan con un estado legal de inmigración viven actualmente en los EEUU. Sacarlos a todos de ellos sería prácticamente imposible. Y aunque esto fuera posible, sería económicamente devastador para las industrias que dependen del trabajo de esos inmigrantes y forzaría a millones de familias a separarse.
— Los que viven ilegalmente en los Estados Unidos lo hacen fuera del alcance de las agencias de seguridad y están sujetos a explotación por parte de patrones, contrabandistas y otras personas.
— A partir de mediados de la década del 1990, cuando el gobierno de los EEUU empezó a cerrar muchos puntos fronterizos de cruce ilegal cercanos a las ciudades, quizá unas 3.000 personas han muerto en su intento de ingresar al país a través de desiertos inhóspitos y zonas montañosas en regiones remotas.
— Con el sistema actual de adjudicar visas para la entrada legal a los Estados Unidos no se puede satisfacer la demanda, dejando a millones de familias separadas durante años mientras sus solicitudes están pendientes, causando que mucha gente trate de ingresar ilegalmente.
Unos cuantos proyectos de ley que se enfocan en algunas partes del problema de inmigración han surgido, pero con resultados mezclados.
Mediante el proyecto de ley de Oportunidad de Trabajo Agrícola, Beneficios y Seguridad sería posible que los trabajadores agrícolas que ya están en el país, legal o ilegalmente, se hicieran residentes legales y, en su oportunidad, ciudadanos. A pesar de contar con el apoyo de 47 miembros del Senado y 32 miembros de la Cámara, además de cientos de organizaciones, incluyendo sindicatos, grupos de negocios, diócesis católicas y agencias nacionales, el proyecto languideció en una sola sesión del Congreso y no ha avanzado más allá de una audiencia en la asamblea 109º del Congreso.
Otro proyecto de ley, la ley de la Verdadera Identificación, logró ser aprobada en mayo.
La ley de la Verdadera Identificación se convirtió en ley sin audiencias públicas ni debate en el Congreso cuando se anexó a una ley de apropiación para la guerra de Irak. Mediante esta ley se establecen normas generales para que en los estados se verifique que los solicitantes de licencias de manejo sean residentes legales; hace más difícil para los solicitantes de asilo probar su necesidad de asilo; y le permite al gobierno hacer a un lado cualquier ley que aparezca como obstáculo para la terminación de una sección de 14 millas de cerca en la frontera con México, contigua a San Diego.
En un editorial aparecido en Los Ángeles Times, y publicado el 1º de junio, el cardenal de Los Ángeles, Roger M. Mahony, se hizo eco del tema de una nueva campaña de los obispos de EEUU sobre inmigración: "Al tiempo que el Congreso se prepara para entrar en debate sobre la reforma de inmigración, nosotros debemos evitar castigar a los inmigrantes por problemas que ellos no han creado".
"Es inaceptable que los trabajadores inmigrantes trabajen en condiciones sin seguridad con salarios insuficientes para mantener a su familia respectiva", escribió el cardenal Mahony. "Es inaceptable que los inmigrantes, incluyendo menores, sean esposados y detenidos en condiciones deplorables. Y es inaceptable que ya para estas fechas del año docenas de inmigrantes hayan muerto en el desierto de California o en otras partes del sudoeste".