Marcha, concentración para inmigrantes atrae decenas de miles a Chicago

CHICAGO (CNS) — Juzgando por la asistencia a una marcha y concentración el 10 de marzo, los sacerdotes de la zona de Chicago que se han comprometido con trabajar para la reforma justa de inmigración esta primavera tienen mucha compañía.

Una muchedumbre estimada en 100,000 personas llenó las calles desde Union Park, punto de partida oficial de la marcha, hasta Federal Plaza, a unas dos millas y media de distancia. Los marchantes todavía salían del parque cuando los líderes llegaron a la plaza y había gente hombro a hombro a lo largo de la ruta completa.

Entre ellos estaba el padre dominico Brendan Curran, quien vino con tres autobuses llenos desde la parroquia St. Pius V, en el suburbio de Pilsen.

"La legislación en Washington ha exigido nuestra atención", dijo padre Curran. "Fue una bandera roja. ... Éste es tiempo de peligro".

Aun así, dijo él, los muchos esfuerzos para apoyar la reforma humanitaria de inmigración han tornado a la gente "cautelosamente esperanzada".

La reforma "humanitaria", según definida por la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, unificaría en vez de dividir las familias, crearía un sistema factible para que la gente cruce la frontera para empleos y forjaría un camino hacia la residencia permanente legal, dijo Elena Segura, de la Oficina Para Justicia y Paz arquidiocesana de Chicago.

Los marchantes llevaban banderas de Estados Unidos y banderas de sus países de origen -– en su mayoría mexicanas, pero también irlandesas, polacas, guatemaltecas, salvadoreñas y dominicanas. Ellos consignaban "¡U.S.A.! ¡U.S.A.!" y "Sí, se puede". Muchos llevaban letreros que decían "No a HR 4437", proyecto de ley de inmigración aprobado por la Cámara de Representantes en diciembre pasado.

El proyecto de ley convertiría en autores de delito mayor a las personas que estén en Estados Unidos sin documentos y convertiría en criminales a aquellos que les ayudan — médicos, abogados, trabajadores de despensa de alimentos o sacerdotes — por "ayudarlos y protegerlos".

La marcha atrajo más de 10 veces el número de gente esperada y llevó a muchos negocios con personal en gran parte inmigrante a cerrar durante la tarde para que sus empleados pudieran asistir.

Judy Arroyo, estudiante del 12mo grado en Curie High School, s hija de ciudadanos naturalizados, dijo que cortó clases con la bendición de sus padres para añadir su voz a favor de aquellos que temen hablar abiertamente.

"Si tú no dices nada sobre esto, ¿quién lo hará?", dijo Arroyo.

El trabajador de la construcción Juan Navarrete, quien vino a Chicago hace 15 años y tiene documentos legales, trajo a sus niños, Eric, de 10 años de edad, y Maritza, de 12, para apoyar la causa.

La lección del civismo en la marcha era más importante que lo que hubieran aprendido en la escuela, dijo él.