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ULYSSES — Sería muy difícil encontrar un acontecimiento
anual en la diócesis que fuese una fiesta para las sentidos como lo es la
fiesta De Colores.
El 10 de Septiembre, unas 500 personas se agruparon en el
Centro Cívico en Ulises, para un día de celebración con música, comida,
baile y alabanzas.
La Fiesta De Colores se ha estado celebrando en la
diócesis en los últimos 30 años; empezó como una especie de reunión para los
que hicieron por vez primera su Cursillo, una experiencia de conversión que
aún tiene lugar en la Diócesis 4 veces por año.
Pero lo que una vez fue solamente un pequeño grupo de
gente se ha convertido en una celebración diocesana que tiene como corazón
la cultura Católica de México.
Al entrar en el centro cívico uno es golpeado con los
sonidos de una de varias bandas, los olores de uno de 6 puestos de comidas,
cada uno representando a una de las parroquias de la diócesis, y vendiendo
comida Mexicana casera.
Cuando una banda acabó su turno, un gran grupo de jovenes
de Dodge City tomó el escenario, bailando al son de un joven que cantaba con
un micrófono en la mano.
Al finalizar la danza, el Diácono Erasmo Rodriguez
recibió una ovación en pie después de una homilía apasionante.
"Creo que es una forma maravillosa de reunirse y de
convivencia., dijo el Diácono Rubén Sigala, cuya esposa, Lupe actuó como
Maestro de Ceremonias. "Tuvimos más participación de la juventud y eso me
gustó."
ULYSSES — On Sept. 10, several hundred people packed into
the Civic Center in Ulysses for an afternoon of festive music, good food,
dance, and praise.
Fiesta de Colores began approximately 30 years ago as a
kind of reunion for those who first took part in Cursillo, a three-day
conversion experience that still takes place in the diocese.
The event has since blossomed into a diocesan-wide
celebration that has at its heart the rich Catholic culture of Mexico.
Walking into the Civic Center during the fiesta, one was
hit with the sounds of one of several bands, and the scents coming from
several food booths, each operated by a different parish selling home-cooked
Mexican cuisine.
On a large stage, performers in white face perform a skit
that symbolizes the struggles against sin. During a tug-a-war, the devil
enters the stage to tempt, and then Christ comes out to save.
Aztec dancers — the Danza de Matachines "Apache" from
Liberal — danced to the beat of two large drums as the actor who portrayed
Juan Diego, the peasant farmer who spoke to Our Lady of Guadalupe, danced
despite his young son running from the audience and grasping his leg.
Deacon Erasmo Rodriguez offered an impassioned sermon,
after which four Hispanic students were awarded the first-ever scholarships
named in his honor.
As has become the tradition, the present child-child-king
and queen of the fiesta passed on their crowns and robes to the new royalty
The day of celebration concluded with Mass