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Bishop,

Are you kidding me? Celibacy?

Celibacy means “to promise not to marry”,  right? It’s hard to imagine never marrying.  Isn’t it a holy covenant for a man to fall in love and marry a woman, to promise an entire life together physically, emotionally, and spiritually, to cooperate with God as cocreators of children?  Why would God call me to be a celibate priest?


Growing up, I always assumed I would marry and have children.  I’m from a large family: five siblings and more than 30 nephews and nieces. Mom had 10 siblings, Dad had 17 siblings, and I have 88 first cousins!  At the time, my view was “what do I want to do with my life,” and I thought that I wanted marriage.  Then a priest asked me, “Have you ever thought about the priesthood?”  This question opened my heart to a new view for my life: Who does God want me to be? This is the vocation question, the “being” question instead of the “doing” question, the “God” question instead of the “I” question.
Yes, marriage is a very holy calling by God for most males.  But for some of us guys, God calls us to another vocation, a call to the priesthood. This was the plan the Heavenly Father had for Jesus, the Great High Priest, who did not marry, nor have children.  Jesus Himself said that some are called to “renounced marriage for the sake of the kingdom of heaven” (Matthew 19:12).  I am called to give my life to the Church, my bride. I am called to care for my spiritual children, the people of the Catholic Diocese of Dodge City.  This promise enables me to give myself “to God alone with an undivided heart” (Catechism #2349).
But, what about chaste living?  Aren’t we all called to chastity?  
Yes.  The Catechism teaches that “chastity means the successful integration of sexuality within the person and thus the inner unity of man in his bodily and spiritual being” (#2337).  We are all called to this chastity, depending on our state of life.  For spouses, chastity means sexual relations only with each other, with love and openness to children.  For singles, priests, and religious brothers and sisters, this means no sexual relations with another.  All are called, with God’s grace, to avoid sexual sins: lust, masturbation, fornication, and pornography.
The sacraments of Confession and Eucharist are great helps to chaste living.
Celibacy is a wonderful gift that the Lord chooses for some.  Listen in your heart to His call to be a celibate priest, or a husband and dad.  God has the best plan prepared for you; He loves you more than you can ask or imagine.

¡Oiga, Señor Obispo!

¿Están bromeando?

¿El celibato?


El celibato significa “la promesa de no casarse.” ¿Verdad? Es muy difícil
imaginarse el nunca casarse.  ¿Qué no es una alianza divina que un hombre se enamore de una mujer y se casen,
prometer vivir una vida entera juntos física, emocional y espiritualmente,
cooperar con Dios como procreadores de hijos? ¿Por qué habría de llamarme Dios a ser un sacerdote célibe?


En mi etapa de crecimiento, siempre pensé que me casaría y tendría hijos. Vengo de una familia grande: cinco hermanos y hermanas y más de 30 sobrinos y sobrinas. ¡Mi mamá tuvo 10 hermanos y hermanas, y mi papá tuvo 17 hermanos y hermanas, y yo tengo 88 primos hermanos!  En ese tiempo, mi forma de pensar era “que quiero hacer con mi vida” y pensé que lo que quería era casarme. Después un sacerdote me preguntó, “¿Alguna vez has pensado en el sacerdocio?”  Esta pregunta abrió mi corazón a una nueva forma de pensar sobre mi vida: ¿Quién quiere Dios que yo sea? Esta es la pregunta de la vocación, la pregunta del “ser” en vez de la pregunta del “hacer”, la pregunta de “Dios” en vez de la pregunta del “yo.”  
Es verdad, el matrimonio es un llamado sagrado de Dios para la mayoría de los hombres.  Pero para algunos de nosotros, Dios nos llama a otra vocación, un llamado al sacerdocio. Este fue el plan que el Padre Divino tenía para Jesús, el Gran Sumo Sacerdote, que no se casó, ni tuvo hijos.  Jesús mismo dijo que “Hay otros que por amor al Reino de los Cielos han descartado la posibilidad de casarse” (Mateo 19:12).  Yo estoy llamado a dar mi vida a la Iglesia, mi esposa. Yo estoy llamado a cuidar de mis hijos espirituales, la gente de la Diócesis Católica de Dodge City. Esta promesa me permite entregarme “a Dios solo con corazón indiviso” (Catecismo de la Iglesia Católica, #2349).
¿Pero qué hay de la vida de castidad?  ¿Qué no estamos todos llamados a la castidad?
Sí. El Catecismo enseña que “la castidad significa la integración lograda de la sexualidad en la persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual” (#2337).  Todos estamos llamados a esta castidad, dependiendo de nuestro estado de vida. Para los casados, la castidad significa relaciones sexuales solo con el esposo o la esposa, con amor y abiertos a tener hijos. Para los solteros, los sacerdotes, las hermanas y los hermanos religiosos, esto significa no tener relaciones sexuales con nadie. Todos son llamados, con la gracia de Dios, a evitar los pecados sexuales: lujuria, masturbación, fornicación y pornografía. Los sacramentos de la  confesión y de la Eucaristía son de mucha ayuda para una vida célibe.
El celibato es un regalo maravilloso que Dios escoge para algunos. Escuchen en su corazón para ese llamado a ser un sacerdote célibe o un esposo y papá. Dios tiene el mejor plan preparado para ustedes; Él los ama más de lo que ustedes       puedan pedir o imaginar.

Diocese of Dodge City


910 Central PO Box 137 Dodge City, KS 67801 | 620-227-1500

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