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The Spirit of anger management

 Would it surprise you to be told you have a temper that frightens others?  It shouldn’t, really. 

Because sin entered the world, we are likely to be angry women, and angry men.  On the outside, we smile, but on the inside, we seethe.  Born of pride, Anger is one of the seven deadly sins.  It is a fault line running deep inside us.

We are like the volcano inside, some more than others.  We can be frightening in the suddenness of our anger, in its unpredictability when it awakens, in its sheer violence.  It controls us more than we allow ourselves to know.   

Our Spiritual Tradition says that anger has two main forms: there is a red rage, and there is a white rage.  We are familiar with the first: The heart expands, blood rushes to the surface, the face becomes red, the breathing becomes rapid, the voice rises in volume, the whole body is poised to attack whatever threat is before it. 

We are not so familiar with the second: here the heart contracts, the blood runs cold, the face turns white in a cold sweat, the breathing becomes difficult, the voice may lapse into an ominous silence, the whole body is also poised to attack … but not now … not just yet … but sometime.

That anger will get out.  It will burst forth.  In some way, it will inflict pain.  In some devious way, it will do damage to self and to others … to the marital relationship, to the parental relationship, to the family relationships, to the priest-people relationships, to the societal relationships.  Some way, physically or psychologically, anger will get out.

No wonder we often frighten others, and usually those closest to us. 

 El espíritu del manejo de la ira

¿Te sorprendería que te dijeran que tienes un carácter que asusta a los demás?  No debería, en realidad. 

Debido a que el pecado entró al mundo, es probable que seamos mujeres enojadas y hombres enojados.  Por fuera, sonreímos, pero por dentro, estamos hirviendo.  Nacida del orgullo, la ira (o cólera) es uno de los siete pecados capitales.  Es una línea de falla que corre profundamente dentro de nosotros.

Adentro somos como un volcán, algunos de nosotros más que otros.  Podemos ser aterradores en lo repentino de nuestra ira, en su imprevisibilidad cuando despierta, en su pura violencia.  Nos controla más de lo que nos permitimos saber.    

Nuestra Tradición Espiritual dice que la ira tiene dos formas principales: hay una ira roja, y hay una ira blanca.  Conocemos bien la primera: El corazón se expande, la sangre sale a la superficie, la cara se enrojece, la respiración se acelera, la voz sube de volumen, todo el cuerpo está preparado para atacar cualquier amenaza que se presente. 

No estamos tan familiarizados con la segunda: aquí el corazón se contrae, la sangre se enfría, la cara se vuelve blanca con un sudor frío, la respiración se vuelve difícil, la voz puede caer en un silencio ominoso, todo el cuerpo también está listo para atacar... pero no ahora... no todavía... sino en algún momento.

Esa ira saldrá a la luz.  Estallará.  De alguna manera, infligirá dolor.  De alguna manera tortuosa, dañará a uno mismo y a los demás... a la relación matrimonial, a la relación paterna/materna, a las relaciones familiares, a las relaciones entre los sacerdotes y el pueblo, a las relaciones sociales.  De alguna manera, física o psicológicamente, la ira saldrá.

No es de extrañar que a menudo asustemos a los demás y, por lo general, a las personas más cercanas a nosotros. 

 

 

 

 

Bishop Emeritus Ronald M. Gilmore
Bishop Emeritus
Ronald M. Gilmore

Ordained & Installed
Bishop of Dodge City
July 16, 1998

 

Diocese of Dodge City


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