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Show-and-tell

 Our children have always had it right.  They know they have to “show” first, and then they can “tell.”  It is amazing how often we adults forget this.   

Jesus never forgot it.  He announced the Kingdom, and he made the Kingdom. He said the Kingdom, and he showed the Kingdom.  He came to restore a fallen world, to remake a fallen humanity, he came to heal wounded women and men.  He said what he had to say by showing what he had to say.  He mastered the art of show-and-tell, apparently, in some long-ago room of a Nazareth Kindergarten.  From then on, he was all about Show-Say.

And those who follow him?  Why would it be any different for them?  We must be about doing what he did.  We must be about saying what he said.  The old Masters called it the Imitation of Christ.  We must be living the love of the Father that he preached.  We must be living the love of the neighbor, too.  In our own little homes, we must be doing these things, in our own little works, in our own little lives.  Doing is the best way of saying.

Action is the only way.  Concrete, selfless, other-centered, action is always the test of what we believe.  The Ten Commandments of the Old Testament are called for.  The two Great Commandments of the New Testament are called for.  The practical Works of Mercy are called for.  Not just thoughts about them, not just words about them, … actions … are called for. 

Our faith is all about show-and-tell, friends.  That’s the way Jesus worked.  Shelter in him, if you would Show-Say like him. 

 

Mostrarlo y hablar

Nuestros hijos siempre lo han tenido bien.  Saben que deben “mostrarlo” primero, y después pueden “hablar” sobre ello.  Es sorprendente con tanta frecuencia nosotros como adultos nos olvidamos de esto.

Jesús nunca lo olvido.  El anuncio el Reino, y también creo el Reino.  Él dijo Reino, y mostro el Reino.  El vino a restaurar un mundo caído, a hacer de nuevo una humanidad caída, vino a sanar a hombres y mujeres heridos.  Él dijo lo que tenía que decir mostrando lo que tenía que decir.  Aparentemente, el dominaba el arte de mostrar y hablar, en un salón de Kínder en Nazaret hace mucho tiempo.  Desde entonces, para el todo se trataba de Mostrar y Decir.

¿Y aquellos que lo siguen?  ¿Porque debería de ser diferente para ellos?  Debemos de hacer lo que él dijo.  Debemos de hablar lo que él dijo.  Los antiguos Maestros lo llamaban la Imitación de Cristo.  Debemos de estar viviendo el amor del Padre que el predico.  Debemos de estar viviendo el amor al prójimo, también.  En nuestros pequeños hogares, debemos de estar haciendo estas cosas, en nuestras pequeñas obras, en nuestras pequeñas vidas.  Haciendo es la mejor manera de decirlo.

Acción es la única manera.  Concreta, desinteresada, centrada en los demás, acción es siempre la prueba de lo que creemos.  Los Diez Mandamientos del Antiguo Testamento son requeridos.  Los dos Grandes Mandamientos del Nuevo Testamento son requeridos.  Las Obras de Misericordia son requeridas.  No solo pensamientos sobre esto, no solo palabras, … acciones… son requeridas.

Amigos y amigas, nuestra fe se trata de mostrar-y-hablar.  Esa es la manera en que Jesús trabajaba.  Refúgiense en el, si deben de Mostrar y Decir como él. 

 

It comes, the glow, and it goes


It comes, the glow, and it goes.

The glow of Christmas was still upon us, when we began seeing other things.  We saw the first martyr, Stephen, hurt by hate, prone among the stones.  We saw the innocent children, dead by Herod’s fear, their mothers prone from grief. 

The glow of Christmas was still upon us, when we began hearing other words.

We heard the 1st letter of John: If we say we are free from sin, we are liars, the truth is not in us.  And John again: If we claim we have known him without keeping his commandments, we are liars.  And John again: One who claims to be in the light, hating his brother all the while, is in darkness even now.

This is the Liturgy working upon us in its usual quiet way.  Gently, but firmly, it touches us awake.  We sleep through Christmas, most of us.  We go through the motions only.  The real Christmas eludes us, we no longer hear its voice, we no longer stir to its challenges. 

The Liturgy makes sure we do not miss the grittier feel of Christmas things.  It reminds us that Christ was born to save us from our sins, and that this will be the work of a lifetime for you and for me.  It reminds us of the hundred ways we deceive ourselves, and of how they change forms when they are found out.  It reminds us that Gabriel’s word to Mary was a “word in waiting:” it waited for her ‘yes’ then, even as it waits for our ‘yes’ now.  The Liturgy insists that we see the whole picture when we see the Infant in a manger. 

It comes and it goes, the glow, but (thanks to the Liturgy) it can, and it does, … somehow … stay.  

 

Viene, el resplandor, y se va

 

Viene, el resplandor, y se va.

El resplandor de la Navidad todavía estaba sobre nosotros, cuando empezamos a ver otras cosas.  Vimos al primer mártir, Esteban, herido por odio, postrado entre las piedras.  Vimos a los niños inocentes, muertos por el miedo de Herodes, sus madres llenas de dolor.  

El resplandor de la Navidad todavía estaba sobre nosotros, cuando empezamos a escuchar otras palabras.  Escuchamos la primera carta de Juan: Si decimos que no tenemos pecado, nos estamos engañando a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.  Y Juan otra vez: Si alguien dice: Yo lo conozco, pero no guarda sus mandatos, ese es un mentiroso y la verdad no está en él.  Y Juan una vez más: Si alguien piensa que está en la luz mientras odia a su hermano, esta aun en las tinieblas. 

Esta es la Liturgia trabajando sobre nosotros de una manera muy sutil.  Con ternura, pero firme, su toque nos despierta.  La mayoría de nosotros, se pasa la Navidad durmiendo.  Solamente siguiendo las formalidades y costumbres.  La verdadera Navidad nos escapa, ya no escuchamos su voz, ya no nos mueve sus retos. 

La Liturgia se asegura que no se nos pasen las cosas con más substancia de la Navidad.  Nos recuerda que Cristo nació para salvarnos de nuestros pecados, y que este será el trabajo de toda una vida para ti y para mí.  Nos recuerda las tantas maneras en las que nos engañamos, y como cambian de forma cuando las descubrimos.  Nos recuerda que la palabra de Gabriel a María era una” palabra en espera:” espero su ‘si’, aun cuando espera nuestro ‘si’ ahora.  La Liturgia insiste que vemos todo el panorama cuando vemos al pequeño en el pesebre.

Viene y se va, el resplandor, pero (gracias a la Liturgia) puede, y de hecho lo hace… se queda… de alguna manera. 

‘And the Word became flesh’

And the Word became flesh, St. John told us.  The Incarnation is the mystery of the wondrous union of the divine and human natures in the one person of the Word.  But just why did the Word become flesh?  The Church’s traditional answer is a diamond with several facets.

The Word became flesh in order to save us by reconciling us with God.  The Word came to take away the main obstacle to that communion, namely sin.  He saved us from sin.  He saved us from ourselves.

The Word became flesh in order to let us know God’s love for us.  God is love, St. John said again.  That led him to create us.  That led him to redeem us.  That led him to call us to share his Trinitarian life.

The Word became flesh in order to be our model of holiness.  He is the Way, the Truth, and the Life, as St. John put it.  He shows us how the divine is done humanly.  He shows us how the human is done divinely.

The Word became flesh in order to make us sharers of his Divine Nature.  He became man so that we might become gods.  He made us for a communion of human persons, and he thus swept us into a communion with the divine persons of the Trinity.

Use this Christmas Season to let these fundamental truths sink into your hearts, into the roots of what and who you are.  Make them your own.  Better yet: you become their own.

 

Y la Palabra se hizo carne

Y la Palabra se hizo  carne,  nos dijo San Juan. La Encarnación es el misterio de la unión maravillosa de las naturalezas divinas y humanas en una persona de la Palabra. ¿Pero,  por qué sólo  la Palabra se hizo carne? La respuesta tradicional de la Iglesia es un diamante con varias facetas.

La Palabra se hizo la carne a fin de salvarnos por medio de la reconciliación con Dios. La Palabra vino para llevarse el obstáculo principal de aquella comunión, conocida como pecado. Él nos salvó del pecado. Él nos salvó de nosotros mismos.

La Palabra se hizo carne a fin de dejarnos saber el amor de Dios por nosotros. Dios es amor, dijo San Juan otra vez. Esto lo condujo a crearnos. Esto lo condujo a redimirnos. Esto lo condujo a llamarnos para compartir su vida de Trinidad.

La Palabra se hizo carne a fin de ser nuestro modelo de santidad.  Él es el Camino, la Verdad, y la Vida, como dijo San Juan.  Él nos muestra como lo divino es hecho humanamente.  Él nos muestra como lo humano es hecho divinamente.

La Palabra se hizo carne a fin de hacernos  personas dadivosas de su Naturaleza Divina. Él se hizo el hombre de modo que pudiéramos hacernos dioses. Él nos hizo para una comunión de personas humanas y así, él  nos barrió en una comunión con las personas divinas de la Trinidad.

Haga uso de esta temporada de Navidad para dejar que este grupo de verdades fundamentales sumerjan en sus corazones, en las raíces de lo que,  y quien es usted. Hágalos propio de usted. Aún mejor: sea usted propio de ellos.

Art and joy of giving thanks

 Our esteemed editor, himself a man of simmering joy, suggested something on the “art and joy of giving thanks” for this week’s column.

In humoring him, I would lay down a simple truth: without art, there is no joy, and there is no thanksgiving.  No joy that will last, at any rate.

The ‘art’ needed here is the art of getting first things first.  It is the art of putting things in their proper place.  It is the art of order. 

The ‘joy’ desired here is the tranquility that comes from order.  It is calm.  It is serenity.  It is the rest that fills and completes us. 

The ‘trick’ wanted here is getting them straight.  We must get right with God, get right with one another, get right with the world, even get right with our own wounded selves: all these must be put in order first.  Joy comes after something else: joy comes from getting all these relationships straight. 

Take a single example.  There are only two forms of love, really.  When the loved person is absent, you yearn for his presence.  When the loved person is present, you simply rest in her nearness.  Delight comes from that rest.  A deep, fulfilling, joy is the result of that rest. 

And the ‘thanksgiving?’  It wells up naturally from the joy.  It bubbles over from the delight.  It is the first word of every selfless love. 

 

Arte y la alegría de dar gracias

 

Nuestro querido Editor, el mismo un hombre de una cálida alegría, sugirió algo sobre el “arte y la alegría de dar gracias” en su artículo de esta semana.

Para causarle gracia, propongo una simple verdad: sin arte, no hay alegría, y no hay acción de gracias.  Al menos, ninguna alegría duradera.

El arte que se necesita aquí es el arte de recibir las primeras cosas primero.  Es el arte de poner las cosas en el lugar apropiado.  Es el arte del orden.

La ‘alegría’ deseada aquí es la tranquilidad que viene del orden.  Es calma.  Es serenidad. Lo demás es lo que nos llena y nos completa. 

El ‘truco’ aquí es ponerlos en orden.  Debemos estar bien con Dios, debemos estar bien los unos con los otros, debemos estar bien con el mundo, debemos estar bien con nuestro ser que está herido: todos estos deben estar en orden primero:  La alegría viene después de algo más: la alegría viene de poner en orden todas estas relaciones. 

Tomen un solo ejemplo.  Solamente hay dos formas de amor.  Cuando el amado/a esta ausente, añoran su presencia.  Cuando el amado/a esta presente, simplemente descansan en su cercanía.  Placer viene de lo demás.  Una alegría profundad y llena de satisfacción es el resultado de lo demás.

¿Y el ‘dar gracias?’  Esa brota por naturaleza de la alegría.  Brota del placer.  Es la primera palabra de cualquier amor desinteresado.   

The ‘noon-day devil’

The old Egyptian monks used to speak of the Noon-Day Devil.  When the freshness of the morning had passed, and the repose of the evening had not yet come, the middle of the day, with its reverses, and frustrations, and delays, and sheer tedium, posed special challenges. 

Some began to look out the windows of their cells.  They began to leave their cells.  They went looking for the companionship of other monks.  Their time with God grew heavy and tedious, they were dissatisfied with their place, and with their work, and with themselves.  They began seeking after diversion, therefore.  These were the signs of the noonday devil, they thought. 

Once stirred up, it left a sadness in its wake, a distaste for the things of God, a disinclination to spending any more time with him.  Fervor withered, even in the shade of their cells.  Their minds and hearts became as dry as the shifting sands.  That’s one way the noonday spirit works, through a numbing inertia. 

But it is not the only way.  Sometimes that spirit moves us to an exceptional busyness.  It bids us fill our minds with things-to-do: trivial things sometimes, pleasing things sometimes, time-killing things sometimes, apostolic things, even, sometimes.  That spirit wants to take us outside ourselves.  The one stuck in laziness on Monday can become a joyless doer-of-things on Tuesday.  That’s another way the noonday spirit works, through an infernal busyness.

Whether through the one way or the other way, it comes to the same end: refusal to spend time with God.  Too lazy to stir oneself to prayer, or too busy to find time for the effort, it all comes to the same, a stubborn “No” to time with God.

These were ways of escape in long-ago Egypt: doing-nothing or doing-everything.

These are the ways of escape in up-close Kansas, even today, even this morning.

 

Demonio de Mediodía

 

Los antiguos monjes egipcios hablaban del Demonio de Mediodía.  Cuando la frescura de la mañana pasaba, y el reposo de la noche aun no venía, el mediodía, con sus frustraciones y retrasos, y absoluta pesadez, esta planteaba desafíos especiales.

Algunos empezaron a ver por las ventanas de sus celdas.  Empezaron a dejar sus celdas.  Buscaban la compañía de otros monjes.  Su tiempo con Dios empezó a ser pesado y aburrido, no estaban satisfechos con su lugar, ni con su trabajo, ni con ellos mismos.  Empezaron a buscar una diversión.  Ellos pensaban, que estas eran las señales del demonio del mediodía. 

Ya cuando esto se removió, dejo una soledad a su paso, un disgusto por las cosas de Dios, la inclinación a ya no pasar más tiempo con él.  El fervor se marchito, hasta en la sombra de sus celdas.  Sus mentes y sus corazones estaban tan secos como la arena.  Esa es una manera en que el espíritu de mediodía trabaja, por medio de una inercia paralizante. 

Pero no es la única manera.  A veces ese espíritu nos mueve hacia estar excepcionalmente ocupados.  Nos mueve a llenar nuestras mentes de cosas-que-hacer:  cosas insignificantes a veces, cosas que complacen, cosas solo para pasar el tiempo, hasta cosas apostólicas, a veces.  Ese espíritu nos quiere llevar fuera de nosotros mismos.  El que tiene mucha flojera el lunes se puede convertir en uno que quiere hacer todo el martes.  Esa es otra forma en que el espíritu de mediodía trabaja, por medio de estar tan ocupados que se convierte infernal. 

Tanto una manera o como la otra, terminan de la misma forma: el reusarse a pasar tiempo con Dios.  Demasiado flojos para movernos a orar, o demasiado ocupados para encontrar tiempo para hacer el esfuerzo, todo viene a lo mismo, un resistente “No” a pasar tiempo con Dios. 

Estas eran maneras de escarparse en los tiempos de antes en Egipto: haciendo nada o haciendo todo.  Estas son las maneras de escaparse hoy en el cercano Kansas, aun hasta esta mañana. 

Bishop Emeritus Ronald M. Gilmore
Bishop Emeritus
Ronald M. Gilmore

Ordained & Installed
Bishop of Dodge City
July 16, 1998

 

Diocese of Dodge City


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