Bishop, are you kidding me?
Pray always?
Jesus taught his followers “about the necessity for them to pray always without becoming weary” (Luke 18:1). What does this mean? How can I pray always? This seems unrealistic in my busy life! I suppose this “praying always” has something to do with my vocational call, right?
Jesus often went away to pray – sometimes with his disciples or apostles, sometimes alone: “In those days he departed to the mountain to pray, and he spent the night in prayer to God” (Luke 6:12). Our Savior often spoke to the Heavenly Father, and always listened to His response.
In my confirmation homily, I relate the example of prayer to our human experience of communicating with our best friend. Do we just want to communicate once per month? weekly? daily? best – more often. Do we want to write a letter, or text? better – phone when we can hear emotion? best – in person when we can also see expressions. Do we just do all the talking, or do we listen, truly listen? If we want to communicate often this way with our best friend, so we want to pray often to our loving Heavenly Father.
This praying often, praying always, takes an awareness of God’s presence. MercyMe sings in Here with Me: “You’re everywhere I go / I am not alone / You call me as Your own / To know You and be known.” Yes, God is with you, always, everywhere, loving you more than you can ask or imagine. And we want to receive His love. And we want to return this love. We want to pray always to our Gentle Jesus, who has an extraordinary plan for you, a plan for you guys to be priests, or husbands and dads.
Let us pray always – as we get up in the morning, as we go to work or school, as we do our daily tasks, as we go to bed at night. Holy Mass, receiving the Eucharist, celebrating the sacrament of confession, vocal prayers, mental prayers, a “thank you, Jesus,” an awareness of God’s awesome creation, a smile to family member, a good word to a stranger, a kind act to someone in need, or just resting in God’s loving embrace. All these are ways we relate to our Compassionate Lord, ways we show our love to Him, to each other, to ourselves. Pray always. Ask our Blessed Mother and all the saints for their intercession. Trust that God is calling you. Listen with your heart to His response.
Follow.
¡Oiga, Señor Obispo!
¿Está bromeando?
¿Orar siempre?
Jesús le enseñó a sus seguidores “que debían orar siempre, sin desanimarse jamás” (Lucas 18:1). ¿Qué quiere decir esto? ¿Cómo puedo orar siempre? ¡Esto parece algo poco realista en mi vida tan ocupada! ¿Supongo que esto de “orar siempre“ tiene que ver con mi llamado vocacional, verdad?
Jesús a menudo se retiraba a orar- a veces con sus discípulos o apóstoles, a veces solo: “En aquellos días, Jesús se fue a un cerro a orar, y pasó toda la noche en oración con Dios” (Lucas 6:12). Nuestro Salvador a menudo hablaba con el Padre celestial y siempre escuchaba su respuesta.
En mi homilía de Confirmación, yo comparo la oración con la experiencia humana de comunicarse con nuestro mejor amigo. ¿Nada más queremos comunicarnos una vez al mes? ¿una vez a la semana? ¿a diario? o aún mejor- ¿más seguido? ¿Queremos escribir una carta o textiar? o aún mejor- ¿hablar por teléfono donde podemos escuchar emociones? o incluso mejor- ¿en persona donde también podemos ver las expresiones? ¿Somos los únicos que hablamos o también escuchamos, verdaderamente escuchamos? Si queremos comunicarnos a menudo con nuestro mejor amigo, entonces queremos orar con frecuencia a nuestro Padre celestial.
Esto de orar con frecuencia, orar siempre, nos lleva a un conocimiento de la presencia de Dios. MercyMe canta en Here with Me: “Tú estás en todo lugar a donde voy / No
estoy solo / Me llamas como a uno tuyo / para conocerte y ser conocido.” En verdad, Dios está contigo, siempre, en todo lugar, amándote más de lo que tú puedas pedir o imaginarte. Y nosotros queremos recibir su amor. Y nosotros queremos regresarle ese amor. Nosotros queremos orar a nuestro tierno Jesús, que tiene un plan extraordinario para ustedes, un plan para ustedes, jóvenes, de ser sacerdotes, o esposos y papás.
Oremos siempre - cuando nos levantamos en la mañana, cuando nos vamos a trabajar o a la escuela, cuando hacemos nuestras tareas diarias, cuando nos acostamos cada noche. La Santa Misa, recibir la Eucaristía, celebrar el sacramento de la confesión, oraciones vocales, oraciones mentales, o un “gracias, Jesús,” un conocimiento de la impresionante creación de Dios, una sonrisa a un miembro de la familia, una buena palabra a un desconocido, un acto de bondad a una persona necesitada, o solamente descansar en el amoroso abrazo de Dios. Todas estas son maneras en que nos podemos relacionar con nuestro Dios compasivo, maneras como expresamos nuestro amor por Él, por los demás y por nosotros mismos. Oren siempre. Pídanle a nuestra Santísima Madre María y a todos los santos su intercesión. Confíen en que Dios los está llamando. Escuchen con el corazón a su respuesta.
Síganlo.
